El ducado nunca huele a robado.
Más vale ser una mal realizador, que un magnífico ideador.
Del mal pagador, siquiera en pajas.
Más que fuerza vale maña, que el ingenio nunca engaña.
El que de nada sabe, de todo se unta.
Una imprudente palabra, nuestra ruina a veces labra.
Consejo tardío, consejo baldío.
La mujer en soledad piensa solo en la maldad.
Quien por su seso se guía, hará cualquier tontería.
A hombre de dos caras, hombre de buena espalda.
A fácil perdón, frecuente ladrón.
Del que yo me fío me guarde Dios, que de los que no me fío, me cuido yo.
"La virtud en su justo medio", dice el diablo, poniéndose entre los dos magistrados.
Lo ajeno más que lo propio parece bueno.
El vino y la mujer se burlan del saber.
Mírate a ti mismo y entrarás en un abismo.
Hay tres cosas que no se pueden ocultar: el humo, el amor y un camellero con su camello por el desierto.
Cuando uno no vive como piensa, acaba pensando como vive.
En casa del que jura, no faltará desventura.
Ni buen fraile por amigo, ni malo por enemigo.
Riqueza trabajosa en ganar, medrosa en poseer, llorosa en dejar.
El fracasado promete, el triunfador se compromete.
Hombre de poco conocimiento, hogar sin cimiento.
Bebido el vino, perdido el tino.
De la esperanza vive el cautivo.
Los defectos son como los olores: los nota más la persona de al lado que el que los lleva
Aprendiz de muchos oficios, maestro de maldita cosa.
El que mucho analiza, se martiriza.
A consejo malo, campana de palo.
El que es sabio nunca enceguece.
Solo el hombre prudente puede emplear bien sus ocios.
Una cosa piensa el borracho, y otra el cantinero.
La sátira Solo ofende, a la gente que la entiende.
El que roba a un ladrón tiene cien años de perdón.
Vencer no es vergonzoso