Cual andamos, tal medramos.
Tierra por medio, para poner remedio.
Una receta que cambia el agua pero no la medicina.
De pastores, pastoradas y si te embobas alguna pedrada.
Mal de locura, solo la muerte cura.
Vida de campo, hombre sano; vida de pueblo, hombre enfermo.
Es gran parte de la salud el conocer la enfermedad.
Vivir prevenidos, es de buen sentido.
El aceite es: armero, relojero y curandero.
Al fregar los platos solo acuden los mentecatos.
No hay medicina para el miedo.
El que tiene salud es rico.
Entre padres y hermanos no metas tus manos.
Para hacerse especialista, hay que quemarse la vista.
Enfermedad larga, cruz a la espalda.
Hasta la salud necesita descanso.
A quien le pique el alicante, que llamen al cura que le cante.
A falta de hechiceros lo quieren ser los gallegos.
Fontanero remilgoso, fontanero sin reposo.
Comer hasta enfermar y ayunar hasta sanar.
Amor, con amor se cura.
Leerle a uno la cartilla.
De sabios es cambiar de parecer.
A veces la diligencia aprovecha más que la ciencia.
Dijo un sabio doctor que sin cielos no hay amor.
Quien te administra, a tu costa se suministra.
Es de sabios, cambiar de opinión.
Consejos y un remedio, no valen un real y medio.
El que es de tu profesión, es tu perdición.
Los dolores irreparables harían el papel más ridículo si se dejaran consolar.
Ricos la virtud hace, y el vicio puebla los hospitales.
Si el cura se resfría, hasta el monaguillo tose.
Donde hay dolencia, haya paciencia.
Paciencia, hermanos y moriremos ancianos.
Hombres de noche, muñecos de día.
Cómicos y abogados, lo mismo hacen de moros que de cristianos.
Enfermedad a plazo fijo, señal es de nuevo hijo.
Con estudiante y soldado, mozuelas, mucho cuidado.
Quien a estudiantes da amor, no es esposa de Doctor.
Ama de cura, puta segura.
Recobrar la salud y sostener el fuero, no se hace sin dinero.
La flor del romero, de la abeja es curandero.
A chica cama si queréis remedio, echaos en medio.
A los curas caso omiso, y para mí un buen piso.
Entre amigos honrados, cumplimentos dispensados.
En corrillos de mucamas, se despelleja las damas.
Más mató la cena que sanó Avicena.
Hay que leerle la cartilla.
A las suegras, oírles la misa y sacarles el cuerpo.
Cada uno es maestro en su oficio.