Madre, ¿para quién son esas sopirritillas?. "Para tu padre". ¿Para mi padre son esos sopirritones?.
Adiós, Blas y que Dios te lo pague, ya te vas.
El maestro sabe lo que hace.
La mujer y la gallina, por la pluma se adivina.
Mujer de treinta y sin Nene, no sabe que lo tiene.
Los amigos, el aceite y el vino deben ser viejos
Sin hijos y sin celos no hay desconsuelos.
Amigo insincero, hago cuenta que perdí, de mi mula el sudadero.
El amor da al necio osadía y entendimiento.
Vino de una oreja, prendado me deja; vino de dos, maldígalo Dios.
Entre hermanos que nadie meta la mano.
No lleva ya vida honesta, la que con varios se acuesta.
Cada cual arrima su sardina a la braza.
A quien mucho se apresura, más el trabajo le dura.
A quien amasa y cuece, muchas cosas le acontecen.
A viña vieja, amo nuevo.
Comer de su propio cocinado.
Agua de navazo, ensancha la barriga y estrecha el espinazo.
Lo hermoso, a todos da gozo.
Amistad, con todos; confianza, con pocos.
En Febrero mete obrero, que pan te comerá, pero buen trabajo te hará.
La buena suerte, durmiendo al hombre le viene.
Cada ratón tiene su nido y cada mujer su abrigo.
El relajo es dulce después del trabajo.
El ojo del amo hace más que sus manos.
Al perro muerto, échale del huerto.
Cada hombre deja sus huellas.
Confía tus secretos a un amigo y te tendrá cogido por el cuello
Gran tocado y chico recado.
Quien sus bienes da en vida, merece que le den con una porra en la barriga.
Amor, con amor se cura.
Hasta las hienas quieren a sus hijos.
Ya saliste con el chancho al hombro.
Aquel que guarda siempre tiene.
Agárreme, que llevo prisa.
Nunca vi mayor afán, que muchos hijos y poco pan.
A chico santo, gran vigilia.
Recuérdalo bien Mamerto, todo pirata no es tuerto.
Ley puesta, trampa hecha.
Compañía de dos, compañía de Dios.
En el amor como en las armas la confianza pierde al hombre.
En casa del rico, el vinagre se vuelve vino.
Quien administra tus bienes, por suyos los tiene.
El que tiene tierra, tiene guerra.
Hay que convivir; pero no conbeber.
Amigo de muchos, amigo de ninguno.
A quien duerme, duérmele la hacienda.
Más caliente que un brasero, la bragueta de un herrero.
Madre y teja, no pierde por vieja.
A palabras de borrachos oídos de cantinero.