Nadie ponga al fuego su olla vacía esperando que el vecino se la llene de carne.
Por San Andrés, toma el puerco por los pies.
Entre sastres, no se pagan hechuras.
Nunca pidas perdón antes que te acusen.
Sabe más que el tocino rancio.
Las piedras rodando se encuentran.
Da y ten, y harás bien.
De valientes y tragones, están llenos los panteones.
Andar derecho y mucho beber, no puede ser.
El que teme a sufrir, sufre de temor.
Jóvenes a la obra, viejos a la tumba! Manuel
Muchos se ufanan, pero pocos se afanan.
De lo propio, se da un puñado; de lo ajeno, llena el saco.
Sin hijos y sin celos no hay desconsuelos.
Amistad por interés, no dura porque no lo es.
Bestia es, y no persona, quien de lo ganado goza.
Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el precipicio.
Para amigos, todos; para enemigos, uno solo.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
La pereza es la madre de la pobreza.
Como vives, juzgas.
Allegó el mezquino y no supo para quién lo hizo.
La astuta raposa borra las pisadas con la cola.
Se pudo una vez, se podrá de nuevo.
Bollo de monja, costal de trigo.
¿Así que no te gusta la sopa?, dos platos.
Al buen callar, llaman Santo.
Es gusano de la misma guayaba.
Ni boda sin canto, ni mortuorio sin llanto.
Moza reidora, o puta o habladora.
Locura es no guardar lo que cuesta sudores ganar.
Al amigo cuando lo pruebas, a veces chasco te llevas.
Saco de yerno, nunca es lleno.
Feo, pero con suerte.
No hay situaciones desesperadas, solo hay hombres que la desesperación de las situaciones.
Hay quien las mata callando.
No llega antes el que más corre si no el que menos tropieza.
A comida de olido, pago de sonido.
Debajo de la mata florida, está la culebra escondida.
El envidioso es de tal ser, que no se le indigesta lo que come sino lo que ve comer.
Buey viejo, no come tronco.
Ojos que los vieron ir, no los verán volver.
Y el que es panzón ni aunque lo fajen.
Si no tiene solución, preocuparse no sirve de nada.
Pan y navaja poco alimento es para el que trabaja.
Nunca permitas que tus pies vayan por delante de tus zapatos.
La reunión en el rebaño obliga al león a acostarse con hambre.
A la justicia y a la inquisición, chitón.
Predícame, cura, predícame, fraile, que por un oído me entra y por el otro me sale.
Mal juzga el arte, el que en él no tiene parte.