Al hombre osado, la fortuna le da la mano.
La abeja, unas flores escoge y otras deja.
Gran corsario es el tiempo, siempre llevando, siempre trayendo.
Yantar sin vino, convite canino.
Matar un tigre.
El que bien lo sabe, pronto lo reza.
Rascar y comer comienzo ha menester.
Dimes y diretes, entre grandes y pequeñetes.
Quien te hace fiestas que no te suele hacer, o te quiere engañar, o te hará menester.
Diciembre decembrina, hiela como culebrina.
Calles y callejas tienen orejas.
Una de cal y otra de arena, y la obra saldrá buena.
Idos y muertos, olvidados presto.
Las mujeres sin maestro saben llorar, mentir y bailar.
Esta de mírame y no me toques.
Una vez al año no hace daño.
Ira de hermanos, ira de diablos.
Sin harina no se camina.
Se pasa tantas veces cerca del cementerio que al final se cae dentro
Acá o allá mira siempre con quien vas.
Buen tiempo en Junio, verano seguro.
Al que le van a dar le guardan y si esta frio se lo calientan
Zapato, ¿cuánto duras?, cuanto me untas.
Dura el nombre más que el hombre.
Del viejo el consejo.
A las obras me remito.
Agua de primavera, si no es torrencial, llena la panera.
El fatuo y el ignorante, se denuncian al instante.
Cada siete años se muda la condición, la costumbre y complexión.
Rosa que muchos huelen, su fragancia pierde.
Reyes y mujeres no agradecen.
Los enemigos de la bolsa son tres: vino, tabaco y mujer.
Cuídate del perro que no ladra y del agua mansa.
La sátira Solo ofende, a la gente que la entiende.
De las mujeres bellas y de las flores de mayo se va la belleza en un día
Grano a grano, hincha la gallina el papo.
La casa es chica, pero el corazón es grande.
Dolor de viuda, bien poco dura.
¡Qué alegre son el del bolsón!.
Brindo y bebo, y me quedo convidado para luego.
Muerte que me has deseñado, salud me has asegurado.
Bicho malo nunca muere.
Molino que no muele, algo le duele.
Si el mozo supiera y el viejo pudiera, ¿qué se les resistiera?
Con mala persona el remedio es mucha tierra en medio.
Donde dije digo, digo Diego.
Maestro, El se puede comer la regla.
¡Mujer sin seso, ahí queda eso!.
Haber gato encerrado.
No te fíes del enemigo que duerme.