Una mujer no es lo que vale, es lo que cuesta.
A las romerías y a las bodas van las locas todas.
La letra con sangre entra, y la labor con dolor.
Con putas y frailes ni camines ni andes.
A llorar al cuartito.
A gusto de los cocineros comen los frailes.
Cada loco con su tema y cada lobo por su senda.
Por San Simón y San Judas cogidas las uvas, lo mismo las verdes que las maduras.
En el llano como quiere el amo, en la cuesta como quiere la bestias.
Antes de hablar, un padrenuestro rezar.
A quien Dios ama, Dios le llama.
La mujer y la sardina ha de ser pequeñina.
Todos desnudos nacemos, aunque vestidos nos vemos.
La cama, el fuego y el amor, nunca te dirán vete a tu labor.
Cerco de luna, agua segura.
No es lo mismo hablar con el torno que con las monjas.
Cojera de perro y lágrimas de mujer, no son de creer. (Variante: Cojera de perro y mal de mujer no hay que creer)
Que Dios bendiga lo que caiga en la barriga.
Dos tetas tienen más fuerza que una yunta de bueyes.
Las mentes grandes discuten ideas; las medianas, cosas; y las pequeñas, personas.
Planta, siembra y cría, vivirás con alegría.
Fianza y tutela, véalas yo en casa ajena.
A la mejor cocinera, se le ahuma la olla.
A caracoles picantes, vino abundante.
Cuando el viejo no bebe, cerca está de la muerte.
Viejo que se casa con mujer moza, o pronto el cuerno, o pronta la losa, si no son ambas cosas.
Quien tiene muchos vicios, tiene muchos amos.
Las gallinas de arriba cagan a las de abajo.
El casado por amor vive vida con dolor.
Un amigo vale cien parientes
Todo avaro tiene un hijo gastador.
Si tu mujer es bonita, recibe pocas visitas.
Como me crecieron los favores, me crecieron los dolores.
Por muy pequeña que sea, la mujer siempre le gana al diablo en astucia.
Las cruces son las escaleras al cielo.
Honra merece el que a los suyos se parece.
Gentes hay de mucho tono, que producen Solo abono.
¡Mujer sin seso, ahí queda eso!.
Dos hambrientos a un pan, mal trato le dan.
Hay que dar para recibir.
No hagas hoy a nadie lo que no quisieras que te hicieran a ti mañana.
Despacito por las piedras
La lengua de las mujeres es su espada, y, por cierto, nunca la dejan enmohecerse.
A lo lejos mirar y en casa quedar.
De perdidos, al río.
Lentejas, si las quieres las tomas y si no, las dejas.
A por ellos, que son pocos y cobardes.
La novia, de contado, y la dote, de prometido.
Las sueños, sueños son.
La mula feliz la pasa: fornica y no se embaraza.