Quien no se aventura, no cruza la mar.
Un loco hace ciento.
Puta y fea, poco putea.
Mi marido es tamborilero; Dios me lo dio y así lo quiero.
El sueño quita el hambre.
El rosario en el cuello, y el diablo en el cuerpo.
A donde acaba el novio, empieza el marido.
Nada sabe su violín y todos los sones toca
Hacienda en dos aldeas, pan en dos talegas.
Cielo empedrado, viento o suelo mojado.
La ruana no hace al arriero, ni el vestido al caballero.
Más labra el dueño mirando que diez yuntas arando.
ala mier........ los pastores que la pascua ya paso
A perro macho lo capan una sola vez
A quien dios no le dio hijos el diablo le dio sobrinos
En la mucha necesidad dice el amigo la verdad.
Para adquirir el derecho a desnudar a las mujeres, hay que empezar por pagarles los vestidos.
Abájanse los adarves y álzanse los muladares.
Ahorra, ahorrador, que y vendrá el derrochador.
Más necio es que necio el necio que quiere pasar por sabio.
La vida da muchas vueltas.
Por andar recosechando otras milpas, cosechan las tuyas.
Justicia y no por mi casa.
Que tires para abajo, que tires para arriba, siempre se hara lo que tu mujer diga.
Oye los consejos la vieja como el gotear de las tejas.
Salir del fuego para caer a las brasas.
La mujer y las tortillas, calientes han de ser.
Déjate la vergüenza atrás, y medrarás.
No jales que descobijas.
Mi secreto, en mi pecho.
Mucho val y poco Cuesta, a mal hablar, buena respuesta.
Va la moza al río, calla lo suyo y cuenta lo de su vecino.
Bromeando, bromeando, amargas verdades se van soltando.
La buena ropa abre todas las puertas.
El que trabaja, no come paja
En casa mal gobernada, más vale plaza cara que despensa abastada.
Si te pica una salamanquesa, prepara el ataúd y la mesa.
Dichosos los ojos que te ven.
Cuando la cólera sale de madre, no tiene la lengua padre.
Lo que unos inventan, los otros lo aumentan.
Agua y sol, tiempo de caracol.
El que me hace más bien de lo que suele, o engañado me ha o engañarme quiere.
Polvo de ladrillo malo para el bolsillo.
El que da, no debe volver a acordarse, pero el que recibe, nunca debe olvidar.
Hijo mío, no te olvides de mi ley, Y tu corazón guarde mis mandamientos; Porque largura de días y años de vida Y paz te aumentarán. Proverbios 3:1-2
Casa sin mujer no es lo que debe ser.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
Amistad pasajera nunca es verdadera.
Mujer pecosa, mujer candela.
La letra con sangre entra, y la labor con dolor.