Dios nos libre del incendio en una casa vieja.
Lo que se hace de noche sale de día.
Aunque el tonto coja la vela, ésta se apaga y el tonto queda.
El que está en la aceña, muele; que el otro va y viene.
La oveja de muchos, el lobo la come.
El mundo es para los osados, no para los tímidos callados.
Los votos hechos durante la tormenta se olvidan al llegar la calma.
Mujer refranes, muller puñetera.
En la casa del ahorcado, nombrar la soga es pecado.
Hasta para encender lumbre hay que tener costumbre.
La paciencia es la llave del paraíso.
Por donde la cabra pasa, todo lo arrasa.
Quien del diablo duerme, poco aprende.
Quien mucho duerme, poco vive.
Nadie sabe lo que hay en la olla más que la cuchara que la mueve.
La mujer experimentada, es temida y mal mirada.
Poco a poco hila la vieja el copo.
La mariposa nocturna se precipita al fuego.
Cae más rápido, un hablador que un cojo.
Alabanza propia, mentira clara.
Ni calentura con frío, ni marido en casa continuo.
Cuanto se deja de dormir, tanto se acrecienta en vivir.
Hacérsele a uno el campo orégano.
El demonio no duerme.
A veces con tuerto, el hombre hace derecho.
Solo hay tres cosas que conviene hacer aprisa; huir de la peste, alejarse de las querellas y cazar pulgas.
Cuando se pelean las comadres, salen a relucir las verdades.
Las verdades de Perogrullo, que a la mano cerrada, llamaba puño.
En lo ajeno, reina la desgracia.
La mujer y la escopeta, en casa déjalas quietas.
Del uso viene el abuso.
Amor mezclado con duro, fracaso seguro.
Amistad de boca, larga parola y cerrada la boca.
El que se fue a Barranco perdió su banco!
La gallina, la mujer y el marrano, con la mano.
Cuando es demasiada la cera, quema la iglesia.
Casa de concejo, pajar de viejo.
Zorras y alcahuetas, todas son tretas.
Me casé con un viejo por la moneda, la moneda se acaba, el viejo queda.
Calma piojo que el peine llega.
Mujer pecosa, mujer candela.
A veces vivimos nuestra vida sintiéndonos encadenados, sin saber que nosotros tenemos la llave.
Fraile cucarro, deja la misa y vase al jarro.
Quiebra la soga siempre por lo más delgado.
Muerto el perro, se acaba la rabia.
Jodido pero contento.
Tanto fue el cántaro a la fuente hasta que por fin se rompió.
Con el ojo bien abierto, difícil es el desacierto.
Pa'trás como las del marrano.
Cada cual echa sus cuentas; unas veces va errado y otras acierta.