Al loco y al fraile, aire.
Obras y palabras, lo uno es mucho y lo otro es nada.
Las letras del estudioso; las riquezas, del solícito; el mandar del presuntuoso; y el cielo del devoto.
Se debe desconfiar de un mal libro como de una seroiente, que temprano o tarde da muerte a los que se distraen en ella.
Entre hermano y hermano, dos testigos y un escribano.
Las palabras vuelan, los escritos se conservan.
Roma, acuerdos y locos doma.
Después de comer, ni un sobre escrito leer.
Papel, testigo fiel.
La carta, corta, clara y bien notada.
Sucede en un instante lo que no sucede en un año
Abril llovedero, llena el granero.