Quitáronle a la tuerta, y diéronlo a la ciega.
Oir cantar el gallo y no saber en que gallinero.
El café, en taza, y los toreros, en la plaza.
La contradicción es la sal del pensamiento
Quitar la leña debajo de la caldera.
Zapato de ramplón, de larga duración.
Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha.
Como vaya viniendo, vamos viendo.
De la mala mujer no te guíes y de la buena no te fíes.
Para acertar mejor, echarlo a lo peor.
Que cada cual espante sus pulgas.
A fullero, fullero y medio.
Las damas al desdén , parecen bien.
Compañía, ni con la cobija.
Para todo perdido, algo agarrado.
El corazón es un guía que los pies siguen
Nada se dice ni se hace bien en momentos de pasión.
Cada poema un silbido, como los que el viejo aquel de mi bloque, lanzaba cada mañana en cuanto ponía un pie en la calle, por si el perro que había perdido hacía veinte años, andaba por los alrededores.
Quien más tiene, menos suelta.
Agárreme, que llevo prisa.
El que todo lo quiere, todo lo pierde.
Revueltas andan las cosas; las ortigas con las rosas.
Con salchichón, siempre es ocasión.
Muerto, ¿quieres misa?.
Nunca te apures para que dures.
Quien hace mal, aborrece la claridad.
Quien pisa con suavidad va lejos.
Hay señor mándame todo percance, mándame males añejos; pero lidiar con pendejos, no me lo mandes señor.
El jornal por la puerta entra y por el humero se va.
Bromas pesadas nunca sean dadas.
De casa en que amanece tarde, Dios nos guarde.
Iglesia llena antaño, vacía hogaño.
Pereza, madre de pobreza y abuela de vileza.
Mear claro y recio deja al médico por necio.
Cada cual decía del amor que tenía.
Hombre dormido, ni del todo muerto ni del todo vivo.
Un ojo al gato y otro al garabato.
Al que toma y no da, el diablo se lo llevará.
Sobre gustos y colores no han escrito los autores.
Amar a todos, confiar en nadie.
Las cartas que una mujer desea recibir de un hombre son aquellas que él no debería escribir jamás.
Hablar de la guerra y estar fuera de ella.
Donde tiene el tesoro el avariento, tiene el entendimiento.
Dios escribe derecho, incluso en las líneas onduladas.
El que no tiene una cruz, se la están haciendo.
La mujer experimentada, es temida y mal mirada.
Para los desgraciados se hizo la horca.
La soga se rompe por lo más fino.
No era nada lo del ojo, y lo llevaba en la mano.
El ocio es el padre de todos los vicios.