Temporal de noche, mucho ruido y pocas nueces
De la mujer el consejo apresurado, del hombre el postrero y mesurado.
A fuerza de varón, espada de gorrión.
Quien se casa viejo, o pierde la honra o pierde el pellejo.
De quien habla a tiento, disparates sin cuento.
Amor es el vino que más pronto se avinagra.
Niebla en la mañana, tarde muy galana.
Agua coge con harnero, quien se cree de ligero.
Hasta una aguja, caída, bien paga la recogida.
Confesión con vergüenza, cerca está de la inocencia.
Llena o vacía, casa que sea mía.
Donde ajos ha, vino habrá.
Mujeres y avellana, muchas salen vanas.
Vino, amigo y aceite, cuanto más antiguo más ferviente.
Afana, suegro, para que te herede; manto de luto y corazón alegre.
El ocio no quede impune; quien no trabaje, que ayune.
Amor viejo, ni te olvido ni te dejo.
Quien no se arriesga no cruza el río
Navidad en martes, fiestas por todas las partes.
Tres hijas y una madre, cuatro diablos para el padre.
Lo que no se empieza no se acaba.
Gran mal padece quien amores atiende.
Atún de ijada y salmón, muchas cosas son.
Cuando uno más la precisa, es la suerte más remisa.
En la muerte y en la boda, verás quién te honra.
El, por vía de compadres, quiere hacerme la hija madre.
Lo que siembras cosechas.
A la sombra del nogal no te pongas a recostar.
A "ayer" lo conocí, pero a "mañana" nunca lo vi.
Hay que empujar, porque vienen empujando.
Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
Cada tierra bien su fruto lleva; más no el que tu quieras.
Del ocio nace el feo negocio.
Vino sacado hay que gastarlo.
Dios castiga, sin palo y sin cuarta.
Virgo viejo, puta segura.
Sacar las cosas de quicio, no se hace sin perjuicio.
Bien o mal, casado nos han.
Quien bien imagina, llámese adivina.
El último en llegar, con la más fea le toca bailar.
A golpe de mar, pecho sereno.
De jugador a cornudo, el canto de un duro.
La vejez mal deseado es.
La verdad siempre sale a flote.
Pan casero, de ese quiero.
Juicio precipitado, casi siempre errado.
Arrimar uno el ascua a su sardina.
El que aconseja, no paga.
Quien a dos amos sirve, siempre termina mal.
Las letras del estudioso; las riquezas, del solícito; el mandar del presuntuoso; y el cielo del devoto.