Cuando mi hijo fue al baño, trajo que contar todo el año.
La ocasión asirla por el guedejón.
Buen podador, buen viñador.
Sol que mucho pica, o llueve o graniza.
Lo mejor del domingo, el sábado por la tarde.
Riña de amantes, agua referescante.
Carajadas de San Lucas, pendejadas de San Juan.
Achaques el jueves, para no ayunar el viernes.
Albañil seas y en el cierre de un tejado te veas.
Cada uno se apaña según tiene maña.
El último mono es el que se ahoga.
Agua al higo, que ha llovido.
La constancia decisiva, vence al fin la suerte esquiva.
Malo, pero ajeno, sabe a bueno.
Voluntad tiene a los tronchos quien abraza al hortelano.
Favores: quien menos los merece, menos lo agradece.
Abriles y jornaleros, pocos de buenos.
Sayo que otro suda, poco dura.
El que todo lo niega, todo lo confiesa.
Al que nace para martillo, del cielo le caen los clavos.
Juventud que vela y vejez que duerme, señal de muerte.
Barriga llena, aguanta trabajo.
Año de avispas, año de nieves y ventiscas.
El que esperar puede, alcanza lo que quiere.
Novia sin cepas, novio con quejas.
Lo que al jefe le gusta no siempre es lo que a la juventud le gusta.
A la mañana el blanco y el tinto al serano.
Soltero maduro, maricón seguro.
Joven y peluquero, ¡pies para que os quiero!.
A este son, comen los del ron, ron.
El día de San Brando, no tiene cuando".
Padre diestro, el mejor maestro.
Cada pez en su agua.
¡Qué te fagorizen! (publicidad española de finales de los 60. FAGOR).
Lo bueno dura poco.
Ajo, agua y resina; a joderse, aguantarse y a resiganrse.
La naturaleza proveerá.
Bebe y ata la bota.
Dios los cría y el diablo los junta.
Buen amigo ni buen yerno se hallan presto.
Hacer del san benito gala.
Pompa vana: hoy hojas marchitas lo que ayer rosa galana.
Al roble no le dobles.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
Aquel es tu hermano que te quita el trabajo.
Bebe para olvidar, pero no te olvides de pagar.
Con gente de mala casta ni amistad ni confianza.
No hables por boca ajena.
Alcalde que por momentos se dispara, háganle arrimar la vara.
El viento y la marea no esperan a nadie.