Agua y luna, tiempo de aceituna.
El viajero que sed siente, se agacha y besa la fuente.
La testa es para un niño, lo que para la tierra el cultivo.
Cambio de costumes al viejo cuéstale el pellejo.
El que se ajunta con perro a ladrar aprede.
Dios le da legañas al que no tiene pestañas.
Nadie nace maestro.
Zanahorias y nabos, primos hermanos.
Sementera temprana, de cien una vana.
El que de mañana se levanta, en su trabajo adelanta.
Nadie se hace calvo en un rato, sino paso a paso.
Vino y mujeres, dan más pesares que placeres.
Una a una, pronto se le acaban al racimo las uvas.
Las malas nuevas, pronto llegan.
Casa sin mujer y barca sin timón, lo mismo son.
El que va a la bodega por beber se le cuenta y el que no bebe, bobo va y bobo viene.
En casa del pobre, todos riñen y todos tienen razón.
A caracoles picantes, vino abundante.
No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere. Proverbios 3:11-12
A la pereza persigue la pobreza.
No dejar títere con cabeza.
Tabernero que bebe, termina donde no debe.
Juramentos de amor se los lleva el viento.
Cuando uno no quiere, dos no barajan.
A beber me atrevo, porque a nadie debo y de lo mío bebo.
Para prosperar, madrugar.
Enero, claro y heladero.
Gran mal padece quien amores atiende.
Date buena vida, temerás más la caída.
Pan tierno, casa con empeño.
A gran cabeza, gran talento, si es que lo tiene dentro.
Amigos y mulas fallecen en las duras.
El hábito no hace al monje, ni la venera al noble.
La rubia de la panadera, que con el calor del horno se quiere poner morena.
El que mal vive, poco vive.
Malas nuevas, como el rayo llegan.
¡Ay putas, y como sois muchas!.
Ni bebas agua que no veas, ni firmes carta que no leas.
Tres mujeres y un ganso hacen mercado.
Buen alzado pone en su seno, quien escarmienta en mal ajeno.
Si eres pobre, no quieras hacer lo que el rico.
Lentejas, si las quieres las tomas y si no, las dejas.
Oye lo que yo digo y no mires lo que hago.
A mal de muchos, remedio de pocos.
De un hombrecillo iracundo se ríe todo el mundo.
Ocioso y lagarto, no mueren de infarto.
Da generosamente sin esperar nada a cambio. Así nunca te decepcionarás y hallarás a menudo agradables sorpresas.
Más caliente que un brasero, la bragueta de un herrero.
El que se cae hoy puede levantarse mañana.
Cielo de Junio, limpio como ninguno.