Casa sin gobierno, semejanza del infierno.
No tenéis más parte en el hijo, que el diablo en el paraíso.
Voz que se escapa no vuelve y quizás tu ruina envuelve.
El amor nunca se paga sino con puro amor.
De carbonero mudarás, pero de ladrón no saldrás.
La pasión y el odio son hijos de bebidas que embiagan.
Donde Dios no puso, no puede haber.
Lo difícil es tener, si no sabes mantener.
Coces de yegua, amor es para el rocín.
Para tener paz en casa cuando llega el marido todo debe estar limpio.
Buena es la guerra para el que no va a ella.
Ni aún al Diablo ha de temer quien no teme a una mujer.
El que la hace, la paga.
El amor está oculto como el fuego en la piedra.
Despedida de borrachos.
Vive de ilusiones el tonto de los cojones.
Cuando un hombre retrocede es para retirarse. Cuando una mujer retrocede es para coger carrerilla.
Valentón y rufián, allá se van.
Donde hay pelito, no hay delito
Un loco echa una piedra al río, y cien cuerdos no la pueden recuperar.
Casa no hará, quien hijos no ha.
Allí hay verdadera amistad, do hay dos cuerpos y una voluntad.
El mal tiempo trae bienes consigo: huyen las moscas y los falsos amigos.
Ningún hombre honesto se hace rico en un momento.
Hacer la del humo.
Padre no tuviste, madre no temiste; hijo, diablo te hiciste.
La iglesia abierta y el sacristán en la puerta.
La mala vida acaba en mala muerte.
El que no puede sobrellevar lo malo no vive para ver lo bueno.
Con ladrones y gatos, pocos tratos.
No tropieza quien no anda.
A veces caza quien no amenaza.
Que convenga, que no convenga, Dios quiere que todos tengan.
Irse de picos pardos.
Hasta los animales se fastidian.
Las damas al desdén , parecen bien.
Ira sin fortaleza, no vale ni media cereza.
No hay camino más seguro que el que acaban de robar.
O dentro o fuera es mejor que ni dentro ni fuera.
Obra de mal cimiento, la derriba el viento.
En casa del ruin, la mujer es alguacil.
Quien cuando puede, no quiere; cuando quiere, no puede.
A celada de bellacos, más vale por los pies que por las manos.
Al que dice la verdad le ahorcan.
El calibre de un hombre se mide por la cantidad de sus enemigos.
La alegría, Dios la da y el diablo la quita.
Corazón apasionado no sufre ser aconsejado.
A la mujer y a la viña, el hombre la hace garrida.
El que se viere solo y desfavorecido, aconséjese con los refranes antiguos.
Quien a solas se aconseja, a solas se remesa.