La intención hace la acción
Solo el mudo no cuenta mentiras.
Recibir es mala liga, que el que toma a dar se obliga.
Unos visten el altar, para que otros digan la misa.
El dinero no da la felicidad, pero ayuda.
En la vida no me quisiste, en la muerte me plañiste.
Nada mejor en la vida, que una familia unida.
Pariente que no me luzca, un rayo que lo desmenuzca.
El comer no admite espera, el pagar, la que se quiera.
El victorioso tiene muchos amigos; el vencido, buenos amigos.
Tiempo pasado siempre es deseado.
Justo es que temas al que teme a la pobreza.
Quien murió buscando gloria, no disfruto la victoria.
A cada paso, un gazapo.
Antes te quedes manco, que eches una firma en blanco.
La que fácil llega, fácil se va.
Arbol que nace torcido, nunca su rama endereza.
Son necesarios los amigos hasta en casa del diablo
Ni sobra el que viene, ni falta el que se va.
La humanidad se divide en tres clases: los inamovibles, los móviles y los que se mueven.
Avellana vana, rompe los dientes y no quita la gana.
El temor del Señor prolonga la vida, pero los años del malvado se acortan.
Las palabras se cogen, de quien las dice.
Tiene la cola entre las patas
No puedes esconder el humo si encendistes fuego.
Cuando joven, de ilusiones; cuando viejo, de recuerdos.
Una es la cuenta del borracho, y otra la del tabernero.
Ruego de Rey, mandato es.
Variante: A caballo regalado, no se le mira el diente.
Si bien canta el abad, no le va en zaga el monacillo.
En materia de dinero, no hay compañero.
De fuera vendrá quien de casa me echará.
El que nada debe, nada ha adquirido a plazos.
Lo que se deja al tiempo es del tiempo
Quien no canea, calvea.
Pan con ojos y queso sin ellos.
Tal para cual, Pedro para Juan.
El que se va para Aguadilla pierde su silla. Y el que de Aguadilla viene su silla tiene.
No hagas leña del árbol caído.
El demonio no duerme.
A buen santo te encomiendas.
Trabajo de muchachos y arada de borricos, no vale un perro chico.
Al mal tiempo, buena cara.
Monja de Santa Ana, tres en cama.
No todo el que lleva zamarra es pastor.
El que sabe obedecer, no tiene derecho a mandar.
Entre el honor y el dinero, lo segundo es lo primero.
Quien no sufrió una escasez, no guarda para después.
Con chatos, poco o ningún trato.
El que ama, teme.