La ocasión la pintan calva y hay que cogerla por los pelos.
Quien busca mucho, al fin topa, aunque sea una muda de ropa.
Padre arriero, hijo caballero, nieto pordiosero.
Boca con rodilla, y al rincón con almohadilla.
Tarde en casar y malcasar, son a la par.
Amigos que no dan y parientes que no lucen, a pelotazos que los desmenucen.
Lo que no acaece en un año, acaece en un rato.
Malo vendrá que bueno me hará.
No dejar títere con cabeza.
A ira de Dios, no hay casa fuerte.
Es más fácil saber como se hace una cosa que hacerla.
Ver y no tocar, se llama respetar.
Papel, testigo fiel.
Ni reprender ausentes, ni adular presentes.
Por la ignorancia nos equivocamos, y por las equivocaciones aprendemos.
Rica que con pobre casa, un criado más tiene en su casa.
Camarón que se duerme, se lo comen los peces.
De hurtar una castaña y otra castaña, se hace la mala maña.
Hoy te lo dice tu amiga.
La casa ya labrada, la viña ya plantada y la suegra ya enterrada.
Cuatro cosas hay que nunca vuelven más: una bala disparada, una palabra hablada, un tiempo pasado y una ocasión desaprovechada.
Nota: (Proviene de Diógenes de Sinope, también conocido como Diógenes el Cínico)
La avaricia rompe el saco.
Dios nos coja confesados.
Hay quienes pasan por el bosque y no ven leña para el fuego.
¿Qué aprovecha el candil sin mecha?.
Una manzana no cae lejos de su árbol.
Ni te compres limas, ni te compres peras, ni te comprometas en donde no puedas.
Una lechuza, bienestar donde se posa y malestar donde canta.
A quien en alabar lo bueno se queda corto, mírale el rostro.
A confesión de castañeta, absolución de zapateta.
Paso a paso, se va lejos.
El que se quemo con leche hasta las cuajadas sopla.
De ambos ha sido el acertar; tú al pedir, yo al no dar.
El que es demasiado pequeño, siempre tiene un orgullo muy grande.
El que se enamora no lo nota, pero al poco tiempo se vuelve idiota.
La elocuencia vacía es como el ciprés; que es grande y alto pero no produce frutos.
Hacer la del capitán Araya; embarcar a los demás y quedarse en la playa.
En pasando Noviembre, quien no sembró que no siembre.
A cada ermita le llega su fiestecita.
El aire que corre muda la veleta, más no la torre.
Dios tarda, pero no olvida.
El llanto sobre el difunto.
Dios da frío según la ropa.
Cree en Dios pero amarra los camellos.
¿Riñen los amos?. Mal augurio para los criados.
En viernes ni en martes, ni tu casa mudes, ni tu hija cases, ni tu viña podes, ni tu ropa tajes.
A cualquier cosa llaman rosa.
Hay una gran fuerza escondida en una dulce orden.
Si lo sabe Dios, que lo sepa todo el mundo.