Ni fea que enfade, ni hermosa que se codicie.
El que pestañea pierde.
Una verdad dicha antes de tiempo es muy peligrosa.
La mar y a la mujer, de lejos se han de ver.
Bien de escudos y blasones, pero mal de pantalones.
Bigote al ojo, aunque no haya un cuarto.
Remendar y dar a putas.
Agua en cesto, y amor de niño y viento de culo, todo es uno.
Quien la gana sufre, quien lo encuentra goza.
Haciendo y deshaciendo se va aprendiendo.
Beber por lo ancho y dar de beber por lo estrecho.
La mujer y la mula cada día te hacen una y suerte te dará Dios si no te hacen dos.
Año de hongos, año de nieve.
El abismo lleva al abismo
Mujer hermosa, mujer que llora, sus males aminora.
Hay mejores peces en el mar de los que se hayan podido pescar hasta ahora.
Hombre chiquitín, bailarín y mentirosín.
Nada con nada, total nada.
El yerro del médico, la tierra lo tapa; el del letrado, el dinero lo sana; el del teólogo, el fuego lo apaga.
Más que mil palabras inútiles, vale una sola que otorgue paz.
El amor es una hierba espontánea
El amor que se alimenta de regalos siempre tiene hambre.
La prisa produce desperdicios.
Diligencia vale más que ciencia.
A la mal casada, déla Dios placer, que la bien casada no lo ha menester.
A la mujer fea, el oro la hermosea.
A la burla dejarla, cuando más agrada.
Es más fácil hacer un camello saltar una zanja que hacer un tonto escuchar la razón.
Las cortinas de una alcoba son como las de un tribunal, y la cama de marfil es parecida a una cárcel
Con ladrones y gatos, pocos tratos.
Dios, si da nieve, también da lana.
Una carga inclinada no va a llegar a su destino.
Más debes guardarte de la envidia de un amigo, que de la emboscada de un enemigo.
La cama, el fuego y el amor, nunca te dirán vete a tu labor.
A invierno lluvioso, verano abundoso.
El muerto al pozo y la viuda al gozo.
No falte cebo al palomar, que las palomas ellas se vendrán.
Amor no quita conocimiento.
Si ofendes serás ofendido
Mal es acabarse el bien.
Cultiva centeno, mientras brilla el sol.
El que en casarse acierta, en nada yerra.
Variante: Sol madrugador y cura callejero, ni puede ser buen cura ni el sol duradero.
El cielo escucha las plegarias del corazón, no de la voz.
Mejor es un hombre cuya charla permanece en su vientre, que el que la prefiere de manera injuriosa.
Bien está quien se desvela, si no es por dolor de muela.
Te va a atropellar un carrito de helados.
El camino hacia el cielo pasa por una tetera.
Redondear la arepa.
Nada abriga mejor que el calor de una sonrisa.