Caballo que con tres años ve a una yegua y no relincha, o no le gusta la yegua o tiene prieta la cincha.
No duerma tranquilo quien debe; que no hay plazo que no llegue.
Jurado ha el espejo no hacer lo blanco negro.
Los esposos descuidados echan a perder la casa.
Consejo tardío, consejo baldío.
Encima de la leche, nada eches.
Anillo en dedo, u obispo o majadero.
El muerto y el ausente, no son gente.
Más fea que un carro por debajo.
Al alcornoque no hay palo que lo toque; menos la carrasca, que le casca.
Antes se llena el cuajo que el ojo.
Quien mal cae, mal yace.
Casamiento santo sin capa él y ella sin manto.
La desconfianza y el amor no comen en el mismo plato
El que pone al juego sus dineros no ha de hacer cuenta de ellos.
Año de pitones, año de cabrones.
Es como la gatita de Maria Ramos, que tira la piedra y esconde la mano.
Hay que desconfiar siete veces del cálculo y setenta veces del calculador.
Los votos hechos durante la tormenta se olvidan al llegar la calma.
Hombre viejo no necesita consejo.
Menos pregunta Dios y más perdona.
Le dijo el grajo al cuervo: quítate allá, que tiznas.
Burro que piensa bota la carga.
Quien dice su secreto, de libre que era se hace siervo.
Quien presto enriqueció, presto empobreció.
El que porfía mata venado.
En las cosas del espíritu el que no avanza, retrocede.
Ni hagas ni seas lo que en otros afeas.
Bastante colabora quien no entorpece.
A suerte mala, paciencia y buena cara.
Cuando fueres por el camino no digas mal de tu enemigo.
Las ofensas se escriben en el mármol, los beneficios sobre la arena.
Ni mesa sin pan, ni ejército sin capitán.
Es mejor preguntar dos veces que extraviarse una.
Ni primavera sin golondrina, ni alacena sin harina.
Criticar es más fácil que imitar.
El que asno nace, asno se queda.
No querer queso, sino salir de la ratonera.
Abad avariento, por un bodigo pierde ciento.
Tanto hace por su fama quien te envidia como quien te alaba.
Las grandes palabras y la tela nueva siempre encogen.
Al perro que come brasas ni que le quemen el chipo.
Jamás digas: nunca jamás.
¡Quien sabe cuántos enemigos tienes en torno a la mesa!.
Comida sin siesta, campana sin badajo.
Ni de malva buen vencejo, ni de estiércol buen olor, ni de puta buen amor.
Dámelo perezoso, y te lo daré vicioso.
La suerte la pintan calva.
No está Dios en higueras que oiga a putas y a viejas.
Ni para carga ni para silla.