Del cura, lo que diga; del médico, lo que haga; y del boticario ni lo que diga ni lo que haga.
En cada tierra su uso, y en cada casa su costumbre.
El terco que se empecina, al fin descubre la mina.
El que está en la aceña, muele; que el otro va y viene.
O todos moros o todos cristianos.
A quien se casa con viuda, ya no le queda la duda.
Entre dos piedras molares, no metas los pulgares.
Al gorrino y al melón, calor.
Algo tiene la fea, por donde el galán la desea.
A la luz de la vela no hay mujer fea.
Al buen amigo, con tu pan y con tu vino; y al malo, con tu can y tu palo.
El que da, recibe.
El que estudia diez años en la oscuridad será universalmente conocido como quiera.
La diligencia nunca se quejo de la fortuna.
Nadie puede huir de lo que le ha de venir.
Cabeza grande y gran cabeza, son dos cosas muy diferentes.
A la ruin oveja la lana le pesa, y al ruin pastor el cayado y el zurrón.
Es prudente el que cuando está en buena situación puede mantenerse como antes.
Andar y callar, eso es negociar.
La mujer que de día calla por la noche manda.
Raro es el regalo tras el que no se esconde algo malo.
Para hacer el bien no hay que pedir permiso.
Cuando Dios da la harina, el diablo se lleva la quilma.
Después de comer, ni un sobre escrito leer.
Entre bueyes no hay cornadas.
Cuento y camelo, mucho hay y poco vemos.
A donde no está el dueño, no está su duelo.
Cuando el dedo señala la luna, el bobo mira el dedo.
Es más molesto no tener nada que hacer que tener mucho que hacer.
Donde acaba la pereza, la prosperidad empieza.
Todos los extremos son malos.
Tamal que es de manteca en las hojas se conoce.
Me lo dijo un pajarito ya casi para volar, todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar.
Nada es más fácil de hacer que aconsejar y reprender.
La rama que nace torcida, nunca se endereza.
Casa oscura, candela cuesta.
Poco mal y bien quejado.
Enfermedad larga, cruz a la espalda.
Variante: A buen hambre, no hay mal pan.
Nadie se puede evadir de lo que está por venir.
Llegar al humo de las velas.
Moza dominguera no quiere lunes.
A rico no llegarás, pero de tacaño te pasarás.
Ni tan corto que no alcance, ni tan largo que se pase.
Una sola mano no aplaude.
A los curas caso omiso, y para mí un buen piso.
De riqueza y santidad, la mitad de la mitad.
A buen hambre, no hace falta condimento.
La arena del desierto es para el viajero fatigado lo mismo que la conversación incesante para el amante del silencio.
Más vale cobarde vivo que valiente muerto.