Consejo de padre, guárdelo el hijo con siete llaves.
Ni ojo en carta, ni mano en plata.
Joven es quien está sano aunque tenga ochenta años, y viejo doliente, aunque tenga veinte.
Dinero no falte, y trampa adelante.
Entendimiento agudo pero sin grandeza lo pincha todo y nada mueve.
El que quiera/e la col, quiera las hojas de alrededor.
¡Qué buen culo, si fuera suyo!
Mente sana, cuerpo sano.
Azotando el cuerpo de la mujer se ajusta su virtud
Bofetón amagado, nunca bien dado.
Canta zurrón, canta, si no, darte he una puñada.
Mejor un amigo con siete pecados que un extraño
El que coge la zorra y la desuella, ha de saber más que ella.
A la herradura que mucho suena, algún clavo le falta.
Haz lo que debes y no lo que quieres.
A quien vive pobre por morir rico, llámale borrico.
Caballo corredor, pronto se cansa.
Panza llena, quita pena.
Tras de corneados ? Apaleados.
Del agua mansa te guarda; que la brava hace su ruido y pasa.
Al mal tiempo buena cara, y al hambre guitarrazos.
Lo que escatimes a tu mujer, no lo gastes en beber.
Dios al humilde levanta y al orgulloso quebranta.
El que vende un caballo es porque patea.
El que da lo que tiene antes de la muerte merece que le den con un canto en los dientes.
Haz mal y guárdate.
La mujer maluca abajo tiene el azúcar.
Más ordinario que un moco en una corbata.
Hijo mimado, hijo malcriado.
Chiquito, hasta el asno es bonito.
Si no fuera por el "si" y el "pero", ¿quién dejaría de tener dinero?
Para el hierro ablandar, machacar y machacar.
Armas y dineros quieren buen dueño.
Mucho val y poco Cuesta, a mal hablar, buena respuesta.
Deudas tengamos, pero amigos seamos.
El burro bueno, aunque sea la quijada encaja.
El que no arriesga, no pasa el río.
Entre bueyes no hay cornadas.
Araña de día, carta o alegría.
El que quiere, va; el que no quiere, envía.
Acójome a Dios que vale más que vos.
En Febrero mete obrero, que pan te comerá, pero buen trabajo te hará.
Tu deseo bueno sea, para quien bien te desea.
Al buey viejo múdale el pesebre y dejará el pellejo.
Más hace una hormiga andando que un buey echado.
Cuando pase la ocasión, ásela por el mechón.
Uno a meter y otro a sacar, el primero ha de llorar.
Sé constante en tu corazón; haz firme tu pecho; gobierna no solo con tu lengua. Si la lengua del hombre fuese el timonel de una embarcación, el Dios sería su capitán.
El ladrón juzga por su condición.
Más ordinario que una monja en guayos.