Del joven voy, del viejo vengo.
A caballo ajeno, espuelas propias.
Bien urde quien bien trama.
A traidor, traidor y medio.
Amigo tarambana, el que lo pierde, gana.
Del mal manjar, un bocado nomás.
Tal vendrá que tal te quiera.
Nunca te dejes vencer, por lágrimas de mujer.
Quien de paja su casa ha hecho, témale al fuego.
O te aclimatas, o te aclimueres.
El viejo que casa con niña, uno cuida la cepa y el otro la vendimia.
El vino ha ahogado a más hombres que el mar.
Beso de mudo, no le dé Dios a ninguno.
A quien dices tu secreto, haces tu dueño.
El diablo es puerco.
Si a los cuarenta no eres rico, arre borrico.
Cacarear y no poner, si malo en la gallina, peor en la mujer.
A quien en alabar lo bueno se queda corto, mírale el rostro.
Nadie cava con tesón sino el dueño del hurón.
Faldas largas, algo ocultan.
Amigo soy leal, hasta salir al umbral.
Señores lo dan y siervos lo lloran.
Zurdos y cojos, denme en los ojos.
Del cuerdo espero poco, y mucho del loco.
Quien bien ata, bien desata.
Sé osado y serás afortunado.
Buey harto no es comedor.
Quien se casa, casa quiere.
Hay quien a los veinte años es viejo y a los cuarenta pellejo.
Cuando pobre, franco; cuando rico, avaro.
Casa de tierra, caballo de hierba, amigo de verba, todo es mierda.
De lo que más te salga al paso, no hagas caso.
El día que no me afeité, vino a mi casa quien no pensé.
Oye primero y habla postrero.
Hasta verlo en la era, llámalo hierba.
A las flores les pedimos que tengan perfume. A los hombres, educación.
Buey amarillento, poco andar y mucho pienso.
Buen trago, que el difunto no vuelve.
En la hacienda o el hogar, mejor atajar que arrear.
Amor fino y buena mesa no quieren prisa.
Vamos arando dijo la mosca, sobre lo cachos del buey. Siempre uno trabajo mas que otro.
Bollo de monja, costal de trigo.
Entre dos amigos, un notario y dos testigos.
Acuérdate, nuera, de que también serás suegra.
Caro compro y barato vendo; si tú no me entiendes, yo me entiendo.
Abrazo flojo, amor poco; abrazo apretado, ese sí que es abrazo.
A la zorra, candilazo.
Quien bien imagina, llámese adivina.
Juntársele a alguien el cielo con la tierra.
En el amor como en las armas la confianza pierde al hombre.