El que sale a bailar, pierde su lugar.
El Dios desea el respeto del pobre más que la honra del encumbrado.
Hasta lo bueno cansa, si es en mucha abundancia.
La petición es cálida, el agradecimiento es frío.
Más debes guardarte de la envidia de un amigo, que de la emboscada de un enemigo.
Pedir es lícito, responder es cortesía.
Mira primero lo que haces, para que no te arrepientas después.
Es más feliz el que regala que el que recibe.
Vanamente piensa quien sin Dios hace la cuenta.
Cual el año, tal el jarro.
Ríete de lo de aquí abajo y manda el mundo al carajo.
Poco a poco hila la vieja el copo.
Es mejor ser desconfiado, que resultar estafado.
Pan candeal no hay otro tal.
Quien destruye una colmena, no espere una cosa buena.
La belleza y lozanía, son flores de un solo día.
Del odio al amor hay solo un paso.
Orgullo, riqueza y hermosura son nada en la sepultura.
Caballo que tiene que ir a la guerra, no muere en el vientre de la yegua.
Pasado el tranco, olvidado el santo.
Cada cual conoce el trote de su caballo.
Cada año, calzones de paño.
A buenas ganas, huelgan las salsas.
Cayendo el muerto y soltando el llanto.
A grandes penas, pañuelos gigantes.
La vida es para una generación; un buen nombre, para siempre.
El amor se manifiesta por muchos signos amargos
Quien vende barato vende doblado.
El que aconseja, no paga.
Está más "pegado", que mosca en melado.
Bueno es tener amigos, aunque sea en el infierno.
El perro con rabia, de su amo traba.
Antaño me mordió el sapo, y hogaño se me hincho el papo.
Un apóstol en el cielo y un escribano en el suelo.
A la hija casada sálennos yernos.
El dinero diario, es necesario.
Muerto está el ausente, y vivo el presente.
Consejo no pedido, consejo mal oído.
La ley pareja no es dura.
Hija de vaca pintada, siempre sacará la mancha.
Más ordinario que un cementerio con columpios.
Buen comienzo, agüero de buen término.
Al dar las doce, queso añejo y vino que rebose.
El que manda, no se equivoca, y si se equivoca, vuelve a mandar.
Quien habla de lo que no debe, escucha lo que no quiere.
En otoño, pan de ayer, vino de antaño y caldito a diario.
A quien Dios quiere bien, la perra le pare lechones.
Muchas personas son como los relojes: indican una hora y tocan otra.
El que se va sin que le echen, vuelve sin que le llamen.
Gatos y niños siempre dicen: Mío, mío.