La mucha confianza es cuna de menosprecio.
Dios le da pañuelo a quien no sabe limpiarse.
Jactancia es mala del sambenito hacer gala.
¿Hambre tienes y pides limosna?. No te creo, que eres gorda.
Mancha en honra, más pronto se echa que se borra.
Boca seca hace bolsa llena.
El primer grado de locura es creerse cuerdo, y el segundo proclamarlo.
Alta cama y poca ropa, es señal de gente loca.
Quien la verdad dice: ni peca, ni miente.
A putas y ladrones nunca faltan devociones.
Boca que no habla, Dios no la oye.
En la boca del discreto, lo público es secreto.
Cabeza loca, la pierde su boca.
Hoyo en la barba, hermosura acabada.
Encontrar demasiados defectos significa diluir una amistad
La pobreza no es vileza, más deslustra la nobleza.
Mente sana, cuerpo sano.
Casa sin fuego, cuerpo sin alma.
El que a los suyos menosprecia, a sí mismo se desprecia.
Daño es ser engañado una vez, dos, necedad es.
Confesión con vergüenza, cerca está de la inocencia.
Propagación mear no espuma.
A chica boca, chica sopa.
La virtud es tan desdeñada como la riqueza estimada.
Juramento, juro y miento.
El que ambiciona lo ajeno, pronto pierde lo propio.
Costumbres de mal maestro sacan hijo siniestro.
Las uñas de gato y hábitos de beato.
Cada uno reniega de su oficio, pero no de su vicio.
Dios me libre de una manía, aunque sea de misa.
Mano lavada, salud bien guardada.
La elocuencia vacía es como el ciprés; que es grande y alto pero no produce frutos.
El ladrón en la horca y el santo en el altar para bien estar.
Después de ir a discoteca, rependejo quien no peca.
Hombre de poco conocimiento, hogar sin cimiento.
No hay nadie perfecto, solo que algunos abusan.
Guarda y no prestes; porfía y no apuestes.
Casamiento santo sin capa él y ella sin manto.
Los yerros del médico encubre la tierra; los del rico la hacienda.
La abundancia da arrogancia.
Está creyendo la beata, que quien reza y peca empata.
Quien tiene boca se equivoca pero el que tiene seso, no dice eso.
Nobleza obliga.
Lavarse las manos, como Pilatos.
Fuego guisa hoya, que no moza orgullosa.
Nada se dice ni se hace bien en momentos de pasión.
De riqueza y santidad, la mitad de la mitad.
Quien escucha lo que no debe oye lo que no quiere.
Ha de tener los cabellos limpios el que trata a otros de piojosos.
Ese oye sus defectos que no calla los ajenos.