A la justicia y a la inquisición, chitón.
Aprendiz de muchas ciencias, maestro de mierda.
Calle el que dio y hable el que recibió.
Al perro muerto, échale del huerto.
Amigo que quiere mi capa es ladrón de solapa.
Entre hoz y vencejo muere la mujer y huye el mancebo.
El zapatero, juzgue de su oficio y deje el ajeno.
Ni hombre tiple, ni mujer bajón.
Burro cargado, busca camino.
Estudia en tu juventud, disfruta en tu madurez.
Nadie nace enseñado.
El buey busca la sombra; porque la sombra no lo busca a él.
El que chatico nació, no puede ser narigón.
Febrerillo el loco, que sacó a su padre al sol, y lo aporreó.
Aguja que doble, para sastre pobre.
Menea la cola el can, no por ti sino por el pan.
El que está en la aceña, muele; que el otro va y viene.
El que bien te quiere te hará llorar.
¡A darle que es mole de olla!
Difama, que algo queda.
El que todo lo quiere, todo lo pierde.
Juego de manos, rompedero de ano.
Amor de amos, agua en cestos.
Te paso la pala diego
El que quiera honra, que la gane.
Esconder la ignorancia es hacerla crecer.
A ti te las digo, Pedro; si por ti las toma Juan, es que también a ti te van.
El que con su desgracia se conforma, su dicha se forma.
Viejo soy y viejo serás: cual me veo, así té veras.
El vivo se embriaga; y el pendejo paga.
Por San Lucas siembra habucas; siembra pocas y cogerás muchas.
Tengo el pie al Herrera, y veremos del pie que cojeamos.
Lo prestado, ni agradecido ni pagado.
No oigo, soy de palo.
Dad al diablo la puerta que con cualquier llave está abierta.
De sol de tarde, Dios te guarde.
Teta que mano no cubre, no es teta, sino ubre.
Al hombre de rejo, vino recio.
No saber una jota.
El puerco y el noble, por la casta se conocen.
Picar y afilar, afilar y picar, y el prado sin segar. Solo me gustaría entender que tu dios me amas
No ofende quien quiere sino quien puede.
Lo que se gana con el culo vase como el humo.
El que lo tiene, lo gasta, y si no, se lame el asta.
Aire gallego, escoba del cielo.
Más quiero viejo que me ruegue que galán que me abofetee.
¿De quién es el majuelo?. ya se sabrá cuando muera mi abuelo.
Los parientes del rico son tan numerosos como granos de arroz en un arrozal.
De baldón de señor, o de marido, nunca zaherido.
Predico, predico, y yo soy el más borrico.