¡Qué lindo don Diego, si no fuera muerto!.
Otros vendrán, que bueno me harán.
El que fía o promete, en deudas se mete.
El pobre es rumboso; el rico roñoso.
Ante la duda, la más madura.
Amigo que quiere mi capa es ladrón de solapa.
Hombre anciano, juicio sano.
A cada cabeza, su seso.
A mocedad viciosa, vejez penosa.
Quien tiene madre, muérasele tarde.
Unos mueren para que otros hereden.
Zapatero solíades ser; volveos a vuestro menester.
Las letras del estudioso; las riquezas, del solícito; el mandar del presuntuoso; y el cielo del devoto.
Al que huye del trabajo, el trabajo le persigue.
A cabo de cien años, marido, soy zarco o calvo.
El que cabras cría, va a juicio cada día.
Favores harás, y te arrepentirás.
El que a las once no ha “bebío”, viene el Diablo y le dice: “Esto es mío.”.
Quien el padre tiene alcalde, seguro va a juicio.
Robles y pinos, todos son primos.
El que nació para melón, nunca llegará a sandía.
Fianza y tutela, véalas yo en casa ajena.
Alábate, burro, que nadie te alaba.
¿Qué hacéis, mosquitos?. Aramos, porque sobre el buey que ara andamos.
Hay tres cosas que se tienen que hacer en la vida: plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro.
Dar a luz rejuvenece, criar es lo que envejece.
Teta de noviciado.
El que necesita, te visita.
Hacérsele a uno algo cuesta arriba.
Estrenar casas y domar potros, otros.
Quien sus bienes da en vida, merece que le den con una porra en la barriga.
Hombre mezquino, no pida ayuda a su vecino.
Calma piojo que el peine llega.
Al santo que no me agrada, ni padre nuestro ni nada.
Hacer ruido, para sacar partido.
Quien bien quiere, bien obedece.
Bocadito regular, que se pueda rodear.
Guárdate de hombre que no habla, y de perro que no ladra.
El amo imprudente hace al mozo negligente.
Conocido el daño, el huirlo es sano.
No tientes al diablo que lo veras venir.
Abrazar y besar solo es barbechar, pero cerca le anda el sembrar.
Dios nos coja confesados.
Año lluvioso, échate de codo.
Hombre refranero, medido y certero.
Niña, si vas a reuniones, ajustate los calzones.
Mande el que puede, y obedece el que debe.
Hados y lados tienen dichosos o desdichados.
Arrimar uno el ascua a su sardina.
A donde acaba el novio, empieza el marido.