El vulgo es necio y pues lo paga, es justo hablarle en necio para darle gusto.
A mala suerte, envidia fuerte.
Quien dice lo suyo, mal callará lo ajeno.
A gallo viejo gallina joven.
Dios mío: ¡quítame lo pobre!, que lo feo se me quita con dinero.
En julio, ¿dónde anda el mozo? Pues va de la acequia al pozo.
El comedido sale jodido.
Obra bien y espera; que Dios es el que premia.
A casa de tu hermano no vayas de ordinario, y menos si es casado.
Cosa hecha aprisa, cosa de risa.
Bueno por un huevo y ruin por dos, aléjemelo Dios.
Yo duro y vos duro, ¿quién llevará lo maduro?.
Hasta verlo en la era, llámalo hierba.
Ruego de grande, fuerza es que te hace.
El que nada debe, nada ha adquirido a plazos.
Al pan se arrima el perro.
Es devoto o es loco quien habla consigo solo.
Amigo que no da pan y cuchillo que no corta, aunque se pierda no importa.
Al amigo, con su vicio se le debe querer y atender.
Viejo con moza, mal retoza.
Hombre probo y recio, no tiene precio.
Al fraile mesurado, mírale de lejos y háblale de lado.
El caracol donde nace, pace.
Ama y guarda.
Abril, sácalo de cubil; y dijo la buena vieja: lo mío al cenojil.
Cuando la hija le llega a la madre a la cintura, ya no tiene hija segura.
Ignorante malo, mucho daño hace.
Dios carga a quien tiene buenas espaldas.
Dios ayuda, a los que se ayudan.
Lo que siembras cosechas.
El que se ajunta con perro a ladrar aprede.
El hombre acucioso y fuerte. no confía Solo en la suerte.
Bachiller, baila, chilla y sabe leer.
Chica centella gran fuego engendra.
Estudiante que no estudia, en nada bueno se ocupa.
De lo perdido, lo que aparezca.
Tras buen soplo, buen sorbo.
¿A un perdido, quién lo pierde?.
El que hace lo que no debe, sucédele lo que no cree.
El que nace chicharra, muere cantando.
Cuando la partera es mala, le echan la culpa al niño.
Al buen, regalo; al malo, palo.
Maneja tu negocio; no dejes que él te maneje a ti.
El que no es agradecido, no es bien nacido.
La masa y el niño en el verano sienten frío.
El que es pendejo ni de dios goza.
El que no se muere joven, de viejo no se escapa.
Huéspedes de repente, ni me lo mientes.
Bienes de campana, dalos Dios y el diablo los derrama.
Ni de mujer de otro, ni coces de potro.