Cada perro, con su hueso.
La buena hilandera, con el rabo del asno, hilaba su tela.
El sastre, corte y cosa, y no se meta en otra cosa.
A cada renacuajo dio Dios su cuajo.
Una boca y dos orejas, tenemos; para que oigamos más que hablemos.
Por hacer rico a mi yerno, me fui al infierno.
Beber aquí, beber allí, a la noche borrachín.
A tal puta, tal rufián.
Más groso que el Guelpa.
El hombre rico tiene aduladores, no amigos.
Con putas y bretones pocas razones.
Lo que se dá no se quita porque el diablo te visita.
Aprovéchate Matías, que no es de todos los días.
Una y no más Santo Tomás.
Que bien va la Virgen y los cucuruchos bien clavados.
Más puede Dios solo que los diablos todos.
A dos días buenos, cientos de duelos.
A quien se aventura, Dios le ayuda.
De molinero mudarás, pero de robado no escaparás.
De descansar, nadie murió jamás.
A burra vieja, albarda nueva.
Bien de mis males, mal de mis bienes.
Por el delito del herrero, mataron al carpintero.
Dar una en el clavo y ciento en la herradura.
Un hombre es juzgado por la compañía que lo rodea.
Casamiento sin engaños uno cada diez años.
La felicidad y el arco iris nunca se ven en la propia casa, solo en casa de los demás
A Salamanca, putas, que llega San Lucas
Cual el tiempo, tal el tiento.
Bienes y males, a la cara salen.
Al mejor pastor, el lobo le roba una oveja.
Buey hermoso, no es para trabajo.
Después de la guerra, todos son generales.
En casa pobre, pocos cuentos.
Mira a las estrellas, pero no te olvides de encender la lumbre en el hogar.
Cuando estamos buenos, damos consejos a los enfermos.
Dios carga a quien tiene buenas espaldas.
El agua para el pollino, para el hombre el vino.
Va como honda que lleva el diablo.
A tu enemigo fallecido, perdón y olvido.
La palabra hablada escrita perece; la palabra escrita perdura.
Oficial diestro, pronto se hace maestro.
Uno a meter y otro a sacar, el primero ha de llorar.
Clérigo viajero, ni mísero, ni misero.
Yunta buena o yunta mala, el buer arador, bien ara.
La muerte se lleva igual al párvulo que al viejo.
Riña por San Juan, paz para todo el año.
Ocho de invierno y cuatro de infierno.
Del que yo me fío me guarde Dios, que de los que no me fío, me cuido yo.
Querer y no poder es más antiguo que el peer.