Con viandas ajenas, no cuesta dar cenas.
La necesidad es la madre de la imaginación.
La morcilla reciente, cómela con tu pariente.
Más querría un dinero que ser artero.
Zanahorias pequeñas trae la huerta ahora que el hortelano esperaba de arroba.
El que bien vive, harto letrado es.
Al hombre pobre, la cama se lo come.
Llena o vacía, menos la quiero tuya que mía.
Gallina que come huevo, aunque le quemen el pico.
Desde los tiempos de Adán, unos calientan el horno y otros se comen el pan.
Mula vieja y mal comida, no se aguanta la subida.
En cada casa cuecen habas, y en la mía calderadas.
A falta de caballos, que troten los asnos.
Quien tiene dineros, compra panderos.
Un perro no entra en una casa donde hay hambre.
Día de agua, taberna o fragua.
Gastar poco y comer bien, no puede ser.
Pies fríos, corazón caliente.
Al que te puede tomar lo que tienes, dale lo que te pidiere.
No digas de este agua no beberé, por turbia que baje el agua mayor puede ser la sed.
Siempre pide de más, para que no te den de menos.
Tabernero diligente, de quince arrobas hace veinte.
La pobreza es dura carga, pero hace callo a la larga.
Quien no canea, calvea.
Ahogarse hasta en un vaso de agua.
Ni cenamos ni se muere padre.
Justo es que temas al que teme a la pobreza.
Amor de puta y convite de mesonero, siempre cuesta dinero.
Si no sobra es que falta.
Quien bueyes ha perdido, cencerros se le antojan.
A can que lame ceniza, no fiarle harina.
Más partido que galleta en bolsillo de borracho.
El día que hayais envenenado el último río, abatido el último árbol, y asesinado el último animal, os dareis cuenta que el dinero no se puede comer.
Si un hombre tiene hambre no le des un pez, enséñale a pescar.
Febrero el corto, el pan de todos.
Bien predica el ayunar el que acaba de almorzar.
Imposible es empezar a comer por la segunda cucharada.
No enturbies aguas que hayas de beber.
El buey, arando en la loma, trabaja para que otro coma.
Hartas riquezas tiene quien más no quiere.
El niño engorda para vivir, y el viejo para morir.
Si te queda el saco.
Dan el ala para comerse la pechuga.
De lo que te sobre da tu parte al pobre.
Agua de enero, hasta la hoz tiene tempero.
Comida de aldeanos, sin manteles, pero mucho y sano.
A tu mesa ni a la ajena, no te sientes con la vejiga llena.
La mejor bendición mejor para que haya una buena cosecha es una calabaza lleno de sudor.
Con carne nueva, vino viejo y pan caldeal, no se vive mal.
Pereza, llave de pobreza.