Más daña un mal enemigo que aprovecha un buen amigo.
Secreto de tres, secreto no es.
El mísero y mendigo pruebe con todos y luego con el amigo
El que se mete a loro debe saber dar la pata.
Detrás de la tormenta brilla el sol.
A bien se llega quien bien se aconseja.
La casa es chica, pero el corazón es grande.
Ya apareció el perdido, y más valía que no hubiese aparecido.
Un buen libro es un tesoro: cada hoja, un pan de oro.
El hipo, en el niño para vivir, en el viejo para morir.
Nadie se muere hasta que Dios quiere.
Cultiva centeno, mientras brilla el sol.
Codicia mala, el saco rompe.
No falta un burro en un mal paso.
Si los tontos volaran, su número cubriría el sol.
El alma cruelmente herida, perdona pero no olvida.
Jurar ves magaña, quien jura te engaña.
Algo daría el ciego por tan siquiera ser tuerto.
Oigamos, pero no creamos hasta que lo veamos.
Hasta una hormiga que pierde, duerme.
De una mentira ciento se derivan.
Hombre que habla campanudo es poco sesudo.
Casa labrada y viña heredada.
El que rompe viejo, paga nuevo.
Donde quiera que fueres, haz lo que vieres.
Manos que trabajan, no son manos, sino alhajas.
Que el agua es mejor que el vino, lo dice solo el pollino.
De pies a cabeza.
La manzana roja siempre tiene algún defecto.
Mucho apretar, listo aflojar.
la juventud es el único defecto que se cura con la edad.
Mujer sin varón, ojal sin botón.
El que siembra, cosecha.
El movimiento se demuestra andando.
Muerto el hombre más celebrado, a los diez días, olvidado.
La intención es lo que vale.
Si haces mal, pecado mortal; pero si haces bien, pecado también.
¡Qué alegre son el del bolsón!.
El que ha derramado sus gachas de avena no puede recogerlas todas
Luce y reluce el buen vino, en buen vaso cristalino.
El hombre no puede saltar fuera de su sombra.
El que apura su vida, apura su muerte.
Palabra o piedra suelta, no tienen vuelta.
De Gumiel, ni ella ni él; y si es de Izán, ni aún el pan.
Quien guarda su puridad, excusa mucho mal.
¿Cómo hay que vivir al lado de la gente? ¿Obra desconsideradamente, vive, el que sostiene y eleva a los hombres?
El arenque cuelga de sus propias agallas
El veneno como el perfume vienen siempre en frasco pequeño.
El zapatero, juzgue de su oficio y deje el ajeno.
Siempre que haya en este mundo amigos íntimos, estarán tan cerca como simples vecinos aunque se encuentren en los confines más remotos.