Según dijo Galeno, lo que para unos es malo, para otros es bueno.
Al engaño, con engaño.
Valiente es el que se bate contra dos enemigos pero lo es más quien hace el amor con los bolsillos vacíos
Asi joven supiera y el viejo pudiera.
La mujer sabía edifica su casa; más la necia con sus manos la derriba.
Donde entra beber, sale saber.
El que tropieza y no cae, adelanta terreno.
¡Lo que va de lo vivo a lo pintado!.
Bueno es el mal que fue ocasión del bien.
Uno hizo la calza, y otro se la calza.
Ajo que del hornillo salta, al diablo vaya.
El solo querer es medio poder.
Al hombre le falta paciencia y a la mujer le sobra insistencia.
El sol siempre reluce.
A su costa aprende el necio, y a costa del necio el cuerdo.
El que no sepa guardar un centavo, nunca tendrá muchos.
Los grandes hombres no son grandes a todas horas ni en todas las cosas.
La cosa más baladí, para algo puede servir.
Maldita la pila lo pica el gallo y no la gallina.
Nada más engreído que un tonto bien vestido.
Trabaja, Perico, que quien nació pa ser pobre, ni el rey le hace rico.
A Dios lo mejor del mundo, pues es señor sin segundo.
El llanto es el privilegio del hombre.
A tal señor, tal honor.
Un hombre sabio se recuerda de sus amigos siempre; un tonto, solamente cuando él necesita.
Ya que uno dé campanada, que suene y que sea sonada.
Quien envidioso fuere, antes de tiempo fuere, antes de tiempo muere.
Uno es el que trabaja y otro el que se lleve la ganancia.
Quien no se arriesga no cruza el río
Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo.
Saca, pero pon, y siempre habrá en el bolsón.
Al que le sobre el tiempo que se ponga a trabajar.
El dar y el tener, seso ha de menester.
Cierre tras sí la puerta quien no la halló abierta.
La gloria no estriba en no fracasar nunca sino en levantarse cada vez que caigas.
Obra bien y espera; que Dios es el que premia.
Santo que mea, maldito sea.
El vino hace buena sangre
A Dios, nada se le oculta.
Quien bien tiene y mal escoge, si sale mal que no se enoje.
La ciencia quiere prudencia y experiencia.
La lengua del justo está detrás del corazón, más la del necio va siempre delante, suelta y dicharachera.
Las letras del estudioso; las riquezas, del solícito; el mandar del presuntuoso; y el cielo del devoto.
Nadie puede atar las lenguas a las gentes.
Cual es el padre, así los hijos salen.
La necesidad conduce a Dios.
Dios habla una lengua extranjera.
El hombre ladino, estando entre extraños no bebe vino.
El hombre afortunado tiene pan y amigos
Quien no sabe mentir cree que todos dicen la verdad