A mala leña un buen brazado.
Chica centella gran fuego engendra.
Dar patadas de burro.
Si tienes pan y lentejas, ¿por qué te quejas?.
Con buen vecino, casarás tu hija y venderás tu vino.
Por oír misa y dar cebada no se pierde jornada.
Este es carne de cañón.
En otoño, pan de ayer, vino de antaño y caldito a diario.
Moza hermosa, con dinero; yo, forastero, ¿y a mí me la dan?. Trapalán, trapalán.
El buey manso mató al amo.
Es gente discreta, quien aguza el ojo con la lengua quieta.
Jamón empezado, pronto mediado; jamón mediado, pronto acabado.
De donde menos se piensa, salta la liebre.
Cuando pitos, flautas; cuando flautas, pitos.
La que luce entre las ollas no luce entre las otras.
Callar como puta tuerta.
Para el gusto se hicieron los colores.
Dijo el escarabajo a sus hijos: venid acá mis flores.
Estando sabroso el frito, el plato no importa un pito.
Boca que se abre, o tiene sueño o tiene hambre.
Jactancia es mala del sambenito hacer gala.
¿Mirón y errarla?.
No hay más chinche que la manta llena.
Juicios tengas, y los ganes.
Pan, que en la boda de un cojo lo dan, pero no a todos los que van.
Cuando todo se hierve, te pueden dar gato por liebre.
Si pagas con cacahuetes, solo conseguirás monos.
Cartas cantan.
El de las piedras hace pan.
La taleguilla de la sal, mala de sustentar.
Gatos y niños siempre dicen: Mío, mío.
Ningún tonto tira cantos a su tejado.
Más ordinario que un sapo en un acuario.
Dios sea loado, el pan comido y el corral cagado.
Clérigos y cuervos, huélganse con los muertos.
Los pies del hortelano no echan a perder la huerta.
Bobos van al mercado cada cual con su asno.
Al que come beleño, no le faltará sueño.
Por mucho madrugar, aparecen las ojeras.
El perro no come perro, ni el gorgojo come fierro.
Viejo con mujer hermosa, mala cosa.
Mientras Dios diere mujeres conviene que haya paciencia.
Gran deudo tiene corazones que bien se quieren.
Baila más que un trompo.
Chaqueteros y ramplones, en cada pueblo, montones.
Palabras buenas abrirán puertas de hierro.
Amigo leal y franco, mirlo blanco.
Hay que amarrar el tamal.
Don sin Din, gilipollas en latín.
Riñen los ladrones y descúbrense los hurtos a voces.