Juventud que vela y vejez que duerme, señal de muerte.
Gran corsario es el tiempo, siempre llevando, siempre trayendo.
Hay que poner tierra de por medio.
La casta Susana, que enterró a tres maridos y aún le quedan ganas.
Al comprar caballos y al tomar mujer cierra los ojos y encomiéndate al Señor
Mal que se comunica, si no cura, se alivia.
La envidia es una mala consejera.
Dichoso quien escarmienta en cabeza ajena.
Más vale dar que recibir, si te lo puedes permitir.
El mísero y mendigo pruebe con todos y luego con el amigo
Cuando en el cielo oscuro hay ventanas, de llover no hay ganas.
Boda y mortaja, del cielo baja.
La hacienda, el dueño la atienda.
Quien bien te hará, o se te irá o se te morirá.
Mejor maestra es la pobreza que la riqueza.
El que cosas busca, por fuerza ha de hallar alguna.
A quien te pide capa por justicia, dale la media en paz.
Dios castiga, sin palo y sin cuarta.
Dar limosna no aligera la bolsa
Más vale ser desconfiado, que amanecer engañado.
La felicidad viene a la casa donde se ríen.
De pequeños principios resultan grandes fines.
Cuando nos encontramos con la felicidad, no lleva nunca la ropa que habíamos imaginado
La libertad vale más que el oro
Lo que va viene.
El tiempo es el mejor consejero
Confesión obligada, no vale nada.
Lo que obtener no puedo, es lo que más deseo.
La hija, donde pudieres; el hijo, donde quisieres.
El amor verdadero entra por el agujero.
A buen amigo buen abrigo.
No es pobre el que poco tiene, sino el que quiere.
Una mujer es como un puro: hay que encenderla a menudo.
Araña ¿quién te arañó? Otra araña como yo.
Del empréstito, a veces, o ganarás amigo, o le pierdes.
Hombre bondadoso, nunca envidioso.
Se dice el milagro pero no el santo.
Dame rojura y te daré hermosura.
Nadie, ladrando a la luna, alcanza amor ni fortuna.
Quien sabe ceder, sabe vencer.
Saca tu cruz a la calle, y verás otras más grandes.
El oro luce, y la virtud reluce.
El honor es como un largo camino sin retorno, como un perfume de olor inaccesible.
Donde hay miedo hay poco lugar para el amor
Tu deber es descubrir tu mundo y después entrégate con todo tu corazón.
Cada día tiene su refrán y su afán.
Entre más apuro menos prisa.
El joven para obrar y el viejo para aconsejar.
Cambio de costumes, gran pesadumbre.
El viejo el hipo para morir, el niño el hipo para vivir.