Favor hecho a muchos, no lo agradece ninguno.
En bote pequeño la buena mermelada.
Con rastra y soltera, tenla por ramera.
Para gozar de la vida, no hay que pedirle todo: Solo hay que pedir vida para gozar todo.
El amor no se mendiga, se merece.
Ni casa en dos lugares, ni paja en dos pajares.
Hacer bailar el trompo en la uña.
Entre gavilla y gavilla, hambre amarilla.
Dineros y amores, diablos y locura, mal se disimulan.
Oye los consejos la vieja como el gotear de las tejas.
La ley del embudo, para mí lo ancho y para ti lo agudo.
Ave por ave, el carnero si volare.
Caer está permitido. ¡Levantarse es obligatorio!.
Tanto le alabas que nunca acabas.
A buey viejo, no se le saca paso.
Ni Justicia ni verdad en la tierra encontrarás.
La espada apareció en este mundo debido al retraso de la justicia.
Riese el diablo cuando el hambriento da al harto.
Estas como mango, amarilla y bien chupada.
El que no habla, no yerre.
De fuera vendrá quien de casa me echará.
Despedida de borrachos.
El que manda, no se equivoca, y si se equivoca, vuelve a mandar.
Estoy en un callejón sin salida.
Gala sin oro, aunque cueste mucho, luce poco.
Dos por el conejo pelean, y llega el tercero y se lo lleva.
Una sonrisa no cuesta nada pero vale mucho.
Que todo es ilusión menos la muerte.
No des la hacienda antes de morir, que los tuyos te harán sufrir.
Avaricia de tío, hacha de sobrino.
La casta Susana, que enterró a tres maridos y aún le quedan ganas.
No hay largo que no se incline, ni enano que no se empine.
El ruin buey, holgando se descuerna.
Hombre hablador, nunca hacedor.
Canta el grillo, canta la rana, lo que no se haga hoy, se hará mañana.
Andaluz con dinero y gallego con mando, y estoy temblando.
A Dios y a su altar, lo mejor has de dar.
Allí haz a tu hijo heredero, donde anda la niebla en el mes de enero.
En casa limpia los ángeles bailan de gusto.
Un hombre puede lo que sabe
Los infortunios que no pueden evitarse, deben endulzarse.
Del mal que hicieres no tengas testigo, aunque sea tu amigo.
La vista de un amigo, refresca como el rocío de la mañana.
Con vehículos y gentes, debemos ser muy prudentes.
El que compra el paraguas cuando llueve, valiendo seis le cobran nueve.
El que no arriesga un huevo no saca un pollo.
A las veces, do cazar pensamos, cazados quedamos.
Dentro del cielo tú forjas tu designio. Lo decretarás: ¿acaso te hastíes y aquí nos escondas tu fama y tu gloria en la tierra? ¿Qué es lo que decretas?
Por agarar una silla, el político promete villas y castilla.
Mal su bolsa defiende quien al fiado vende.