Todos obedecen con gusto cuando el que manda es justo.
La limosna y el rezar, debajo del delantal.
Perdono al que me ha ofendido pero la ofensa no la olvido.
Quien sabe adular sabe calumniar.
A bien dar o mal dar, por no pedir no ha de quedar.
Tronar como un arpa vieja.
A palabras necias, bofetones.
Antes de hablar, si tienes ira, reza un avemaría.
Hablar bien y hacer bien terminan con la misma letra; hablar bien es bueno, pero hacer bien es mejor.
En el andar y en el beber se conoce a la mujer.
Es más el ruido que las nueces.
Casa en la que vivas, viña de la que bebas y tierras cuantas veas y puedas.
El bueno, lo malo calla; el malo, todo lo habla.
Quéjese de la muela aquel al que le duela.
Hombre que anda con lobos, aprende a aullar.
Meter aguja y sacar reja.
A mamar, todos nacen sabiendo.
Estudia en tu juventud, disfruta en tu madurez.
Huye de las querellas; no seas parte de ellas ni testigo.
Recoge el heno mientras el sol brilla.
Guarda que comer y no que hacer.
Abajo está lo bueno, dice la colmena al colmenero.
El que es buen gallo en cualquier gallinero canta.
El mal hablar es semilla del mal obrar.
Lo mismo es hablarle a un muerto, que predicar a un desierto.
Campanitas de Toledo, óigoos y no os veo.
Regla y compás, cuanto más, más.
Decídmelo y lo olvidaré, enseñádmelo y lo recordaré, implicadme y lo entenderé, apartaos y actuaré.
Casa de mantener, castillo de defender.
Muchos que viven cantando, mueren llorar.
Jugar y pasear solo por recrear.
Quien busca, halla.
Quien siembra llorando, siega cantando.
Cada gallo canta en su gallinero, y el que es bueno, en el suyo y en el ajeno.
Gente de trato llano, esa es de mi agrado.
Deja lo afanado y toma lo descansado.
Quien tiene dolencia, abra la bolsa y tenga paciencia.
Comer sin vino, comer canino.
No hagas bien sin mirar a quien.
Cada uno interpreta a su manera la música del cielo
Habla Marta y responde Justa; una puta a otra busca.
De hombres es errar, y de burros rebuznar.
Dueña que mucho mira, poco hila.
Al pagar dinero, pesar y duelo.
A comer, sé tu el primero; a pelear, el postrero.
Sabio en latín y tonto en castellano.
El suspiro de una joven se oye desde más lejos que el rugido de un león.
Mea a gusto y contento, pero por favor, ¡mea dentro!
Todo cabe en un jarrito sabiéndolo acomodar.
Cazador, mentidor.