Todo necio confunde valor y precio.
No se debe escupir al cielo.
Confesión hecha, penitencia espera.
Burla pesada, en veras acaba.
A buena suela, mala pieza.
Los amigos van y vienen, los enemigos se acumulan.
El día que amasó, mal día pasó; pero peor es no tener qué amasar ni qué cerner.
Quien castiga con ira, más se venga que castiga.
No da un tajo ni en defensa propia.
Estás trabajando para el inglés.
Mala y engañosa ciencia es juzgar por las apariencias.
Nunca se debe tirar piedras arriba cuando se tiene techo de cristal.
Adonde no te llaman, no vayas.
El enemigo del padre no es amigo del hijo
A los enfermos los sanos buenos consejos les damos.
Visitas, pocas y corticas.
El mal que a muchos azota, consuelo es para el idiota.
Borrón y cuenta nueva, la cuenta pasada aprueba.
El idiota es como el ladrón de campanas, que se tapa el oído para robarlas.
A mocedad viciosa, vejez penosa.
A la mujer y a la gata, no les lleves la contraria.
Emplea palabras suaves y argumentos fuertes.
Un deber fácil no es un deber
Nobleza, obliga; y agradecimiento liga.
El cuerdo nunca se satisface de lo que hace.
El necio dispara pronto sus dardos.
No se disparan flechas a una cara sonriente.
Lo que no cuesta no vale.
Las maldiciones son como las procesiones; por donde salieron vuelven a entrar.
Agua corriente, no mata a la gente; agua sin correr, puede suceder.
Está mal pelado el chancho.
La mano perezosa, pobre es.
No te hagas mucho el tonto, que al final terminarás siéndolo.
Amistades que son ciertas mantienen las puertas abiertas.
Esa negrita chiflada, no paga desbraguetada.
Sin penas, todas las cosas son buenas.
A mala suerte, envidia fuerte.
No hagas mal y no habrás miedo.
Mejor un amigo con siete pecados que un extraño
Nunca permitas que tus pies vayan por delante de tus zapatos.
Lo hermoso agrada y lo feo enfada.
El hombre propone, Dios dispone y el diablo descompone.
Donde mores no enamores.
Estar en tres y dos.
El zapato malo malo, más vale en el pie que no en la mano.
Rápido y bien, no siempre marchan juntos.
Amo bravo y mozo harón, a cada rato cuestión.
La ausencia causa olvido.
Ajo hervido, ajo perdido.
Las palabras se las lleva el viento, hasta que te las recuerdan por cientos.