Amor forastero, amor pasajero.
Si no vas de acuerdo con uno, es su problema;si no vas de acuerdo con nadie, es tu problema.
Hace más el que quiere que el que puede.
Fortuna te dé Dios, talento no.
Confesión obligada, no vale nada.
Ser amable es ser invencible.
Mal ojo se le ve al tuerto.
Cada raposa mira por su cola.
Hasta la hora del luto, ojo enjuto.
¿Qué tiene mi hijo feo que no lo veo?.
El que se brinda se sobra.
Al hombre mujeriego, mil perdones; al machiego, mil blasones.
Ira de dos que se aman, en abrazos para.
Miente tu por mi, y yo jurare por ti.
El necio cree que todo lo sabe.
Palabra o piedra suelta, no tienen vuelta.
Dios le dio novia y el diablo le dará hijos.
A quien tiene malas pulgas, no le vayas con burlas.
El que nada debe nada teme.
El que da grandes cosas quiere a cambio grandes cosas
A quien a mula, bestia, hace mal, es más bestia que el animal.
Todo lo bueno o es pecado o engordaTodo lo que brilla no es oro
El amor es ciego, pero ve a distancia
Para creer hay que querer creer
Amor viejo, pena pero no muere.
Bien o mal, junta caudal.
Si prestas, o pierdes el dinero o ganas un enemigo.
El que al asno alaba, tal hijo le nazca.
Hacer oídos de mercader.
Riñen las comadres y dícense las verdades.
Costumbre mala, desterrarla.
A mi prójimo quiero pero a mí el primero.
Dios los cría y el diablo los junta.
Quien promete amor eterno es porque desconoce los cuernos.
De tus hijos solo esperes lo que con tu padre hicieres.
Entre hermano y hermano, no metas la mano.
No hay fuego más ardiente que la lengua del maldiciente.
El avaro, ahondando el agujero para guardar su oro, llega al infierno.
Lo que la loba hace, al lobo le place.
Espada y mujer, ni darlas a ver.
Para el avaro, todo es caro.
De todos los bienes somos avarientos, menos del tiempo.
El rico no pierde sino el alma, y las hijas de los pobres.
La ausencia causa olvido.
Hambre, frío y cochino hacen gran ruido.
Hijas, el que pleitea no logra canas ni quijadas sanas.
Nada se dice ni se hace bien en momentos de pasión.
Hay que sufrir para merecer.
Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás. Así te ahorrarás disgustos. (Confucio, 551-479 a. C.)
Cuidado, que el diablo es puerco.