Los molinos de los Dioses muelen despacito, pero muy finito.
Al último siempre le muerde el perro.
Con quien se va no se cuenta, tan siquiera se le mienta.
Ligero como el ave de San Lucas.
Amor sin celos, no lo dan los cielos.
La lluvia viene después de los bosques.
Quien dice lo suyo, mal callará lo ajeno.
Del sabio es errar, y del necio perseverar.
Puede uno entender como un ángel y seguirá siendo un demonio.
A la orilla del río te espero, galapaguero.
Boda en mayo ¡Qué fallo!
El vuelco del carro delantero puede servir de aviso al que va detrás.
Si ves las estrellas brillar, sal marinero a la mar.
Decir bien y obrar mejor.
Cuatro cosas tenemos en mayor cantidad de lo que creemos: enemigos, deudas, años y pecados.
Comprar de ahorcado y vender a desposado.
La felicidad consiste a menudo en el arte de saberse engañar
¡Qué lindo don Diego, si no fuera muerto!.
El mugido de un buey tirando la carreta, presagia la muerte de un vecino.
Más vale a quien Dios ayuda, que quien mucho madruga.
Carne en calceta, para quien la meta.
A llorar al cuartito.
De la perdiz, lo que mira al suelo; del conejo, lo que mira al cielo.
La enfermedad y los desastres van y vienen como la lluvia, pero la salud es como el sol que ilumina el pueblo entero.
Solo como Adán en el día de la madre
La que de alto hila, el huso la cae y el culo la pía.
Lo que se hace de noche sale de día.
Un hombre, una palabra; una mujer, una carretada.
Más vale creerlo que irlo a ver.
En el mundo no hay nada difícil siempre que el hombre tenga asiduidad.
Una manzana roja invita piedras.
Si lo sabe Dios, que lo sepa todo el mundo.
Reunión de pastores, oveja muerta.
El espejo y la amistad siempre dicen la verdad.
El necio hace al fin lo que el discreto al principio.
Más vale dar que la carga llevar.
Tienes más salidas que una autopista.
Ama a quien te ama, y no a quien te ilusiona.
A malos ratos, buenos tragos.
Quien lo ha de hacer, no lo dice.
Para prosperar, madrugar.
Una liebre con dos galgos se avasalla, y si se va que se vaya.
Se conoce la cara de una persona, pero no su corazón.
Quien a su tiempo descansa, rinde el doble y no se cansa.
Si lo de fuera se ve, lo de dentro se adivina.
El victorioso tiene muchos amigos; el vencido, buenos amigos.
El tiempo es el jinete que cansa a la juventud.
Variante: El ruin cuando más le ruegan, más se extiende.
El que corre mucho, atrás se halla.
Para los muertos y los ausentes no hay amigos