Ni con toda hambre al arca, ni con toda sed al cántaro.
El que no da un oficio a su hijo, le enseña a ser ladrón.
Como al hierro la herrumbre, la envidia al hombre consume.
El mal llama al mal.
El que de la culebra está mordido, de la sombra se espanta.
Al triste, el puñado de trigo se le vuelve alpiste.
De joven maromero y de viejo payaso.
Peor que chile y agua lejos.
Quien tiene noches alegres, ha de soportar mañanas tristes.
No retengas a quien se va, ni rechaces a quien llega.
A las armas las carga el diablo y las descargan los imbéciles.
De petaca ajena, la mano se llena.
A estómago lleno todos los alimentos le parecen malos o indiferentes.
Sin harina no se camina.
El que habla de millones, seguro que no tiene para calzones.
La gula y concupiscencia, matan más que la abstinencia.
Nadie ha visto el día de mañana.
Badajo alto, campana rota.
En casa del mezquino, más manda la mujer que el marido.
De un tigre solo se dibuja la piel, y no los huesos; de una persona solo se le conoce la cara, y no el corazón.
Cuando se escapó el consejo, vino el consejo.
Una en el papo y otra en el saco.
El victorioso tiene muchos amigos; el vencido, buenos amigos.
El hambre y la suerte esquiva, son fuentes de la inventiva.
Galgo que muchas liebres levanta, ninguna mata.
La mala costurera, larga la hebra.
Nadie se puede evadir de lo que está por venir.
Quien está presente sigue viviendo; quien se ausenta lo tienen por muerto.
Bien lo dice el mercader, vender fiado no es vender.
De golpe y porrazo, se enriquece el ladronazo.
Mala yerba, mucho crece.
Cuando te dieren el anillo, pon el dedillo.
Cacarear y no poner huevos, cada día lo vemos.
El matrimonio está como un cacahuete, hay que romper la cáscara para ver lo que hay dentro.
Hay quién está siempre ocupado pero nunca hace nada.
La que se casa con ruin siempre tiene que decir.
El golpe de la sartén, aunque no duela, tizna.
Reza, pero no dejes de remar hacia la orilla.
La niña que más se cuida, resulta a veces jodida.
Nadie es tan alto, que no este al alcance de la mano de su enemigo.
Quien es más escogedor, se va siempre a lo peor.
A chico pié, gran zapato.
A falta de olla, pan y cebolla.
Agua de mañana, o mucha o nada.
De un hombrecillo iracundo se ríe todo el mundo.
Un país con muchos arenques no necesita médico.
A donde las dan, allí las toman.
Te cierran una puerta y te abren diez.
Con el callar, vencerás.
Sol puesto, obrero suelto.