Dar un cuarto al pregonero.
A casa sinvergüenza, todo el mundo es suyo.
Resbalada no es caída, pero es cosa parecida.
En casa de viejo: no faltará un buen consejo.
Cuando vivas entre zorros, zorrea tu un poco.
Ofrecer y no dar, es deber y no pagar.
El que no anda, no tropieza.
Al espantado, la sombra le basta.
Los grandes talentos son calmados en la prosperidad y callados en la adversidad.
Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo
Hacer la plancha.
La barca pasa, pero el río queda.
Va para atrás como el cangrejo.
Sabio es quien poco habla y mucho calla.
Siempre que ha llovido ha escampado.
La cabra va por la viña, como hace la madre hace la hija.
Con razón decía Serafín, que el trabajo no tiene fin.
El que afloja tiene de indio.
Fruta de locos, míranla muchos y gózanla pocos.
Dale lo suyo al tiempo, pero sin perder el tiempo.
Los nabos en adviento, y las cerezas en habiendo.
La suavidad domina más que la ira.
Estudia en tu juventud, disfruta en tu madurez.
Acuérdate al atar de que has de desatar.
Paso a paso, se va lejos.
Cada cual es rey en su casa.
A los viejos les espera la muerte a la puerta de su casa; a los jóvenes les espera al acecho.
Ruidosa corriente, no ahoga la gente.
Vuelta al cuidado, que canta el gallo.
Ruin señor, cría ruin servidor.
Por lo que uno tira, otro suspira.
Bondad con hermosura, poco dura.
Acuéstate como la gallina y levántate como el marrano y vivirás siempre sano.
Atente al santo y no le reces.
En Octubre, toma los bueyes y cubre.
A comida de olido, pago de sonido.
Carnero, comer de caballero.
Es más molesto no tener nada que hacer que tener mucho que hacer.
Dar el consejo y el remedio, favor completo.
Guardado el dinero, no pone huevos.
Lo pasado, pasado, borrón y cuenta nueva.
Ni por vicio ni por fornicio, sino para su santo servicio.
Casa sin niños, tiesto sin flores.
De copiosas cenas están muchas sepulturas llenas; pero de no cenar, muchas más.
Ya va el galgo cerro arriba, harto de corteza y miga.
Donde hay obras, hay sobras.
Hay que dar para recibir.
Un mendigo se compadece de otro que está parado enfrente de una puerta
Bebido el vino, perdido el tino.
Oficio vano y con pena, al que le sigue condena.