Añorar el pasado es correr tras el viento.
El perdón sobraría donde el yerro falta.
En la necesidad se conoce la amistad.
Ni ausente sin culpa ni presente sin disculpa.
Da asistencia y cariño donde se necesite.
Las cartas que una mujer desea recibir de un hombre son aquellas que él no debería escribir jamás.
Calienta más el amor que mil fuegos
Es poco saber, matarse por lo que no se puede obtener.
Intimidades, solo en las mocedades.
Cada día, su pesar y su alegría.
El venido es preferido, que el ausentado pronto es olvidado.
Es buenísismo el amigo y bueno el pariente, pero se pierden cuando ya no queda nada
Lo que no fue tua año no fue tu daño.
La ventura de la barca, la mocedad trabajada y a la vejez quemada.
Cuando al burro le ponen don, ya no le pega albarda.
Quien se ausenta, es un muerto en exequias.
Donde esperáis la suerte, viene la muerte.
Trabajar, solo con la muerte puede acabar.
Sácame de aquí y degüéllame allí.
Acometer hace vencer.
No sufras por calenturas ajenas.
El que se va sin que lo echen regresa sin que lo inviten
La envidia puede herir a lo que se tiene; pero no a lo que se es.
Al amigo con su vicio.
El que da porque le den, engañado debe ser.
Mejor precavido, que arrepentido.
La que no anda precavida, al fin tiene su caída.
Andar el tiempo y vernos hemos.
Ya me morí, y quien me lloró vi.
Quien no se ocupa en vivir esta muriendo continuamente.
Abrojos, abren ojos.
Juego que tiene quite, no tiene pique.
Quien bien te hará, o se te irá o se te morirá.
Si el muerto volviera a vivir, de pena se volvería a morir.
Alegría, albarderos que bálago se arde.
Poco a poco se anda lejos.
De ausente a muerto, no va un dedo.
Tesoro y pecado nunca están bien enterrados.
Quién retozó de soltera, no diga nada de la ajena.
Del empréstito, a veces, o ganarás amigo, o le pierdes.
La que no tiene suegra ni cuñada, esa es bien casada.
Al hombre le falta paciencia y a la mujer le sobra insistencia.
él que no aprecia uno, no puede conseguir mil.
Ya pasado lo de atrás, lo de menos es lo demás.
Las tres ges de quien sabe ser amo de su casa: ganar, gastar y guardar.
Andar, andar que aún queda el rabo por desollar.
Desbarata hasta un balín.
Camino robado, al otro día, sin gente.
Por un clavo se pierde una herradura.
¡Ay de la casa donde no se hila!.