No le trata de animal, pero le muestra el ronzal.
La que está para condenarse, desde chiquita no reza.
Una hermosa puerta embellece una fea fachada
El perdigón y el gallo, por Mayo.
Amorosos juramentos, se los lleva el viento.
Fe y verdad, en el cielo se sabrá.
Mal ajeno, a nadie le importa un bledo.
Zorrilla tagarnillera, hácese muerta por asir la presa.
El necio cree que todo lo sabe.
No resulta dulce el melón recogido cuando está verde.
Mas vale un grito a tiempo que un sermón bien deletreado.
Monja de Santa Ana, tres en cama.
De lo que más te salga al paso, no hagas caso.
Pulgas tiene la viuda, busque quien se las sacuda.
Es mejor gastarse que enmohecerse.
Quien está ahíto, no tiene el apetito.
La polla que se apendeja, la agarra la comadreja.
Esto es como quitarle un caramelo a un niño.
El hombre al mendrugo, y el buey al yugo.
Quien teme la muerte no goza la vida.
En la naturaleza, no hay castigos ni premios, solo consecuencias.
Despacito por las piedras
Si una puerta se cierra, otra se abre.
Duro como teletubbie en alfombra de velcro.
Cielo empedrado, viento o suelo mojado.
El hombre pone y la mujer dispone.
Quien no dice lo que quiere, de tonto muere.
Moneda ahorrada, moneda pagada.
Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya concluido.
Agua encharcada, hervida después de colada.
Barriga llena, no cree en hambre ajena.
Quien para ir a rezar duda entre dos mezquitas, terminará por quedar sin rezar.
De los enemigos los menos.
Hijo ajeno, candela en el seno.
El corazón no envejece es el cuero el que se arruga.
A cualquier dolor, paciencia es lo mejor.
Zun de noche, se sube a un coche
Besos y abrazos no hacen muchachos.
Olla quebrada, olla comprada.
La peseta, la vela y el entierro por donde quiera.
Antes mujer de un pobre que manceba de un conde.
Más vale vieja conocida, que nueva con sida.
A buen señor, buena demanda.
Contra la gota, ni gota.
Los ojos lo curiosean, y el corazón lo desea.