Cuanto hijo puta con cara de conejo. (Cartagena).
Viejo que buen vino bebe, tarde muere.
Haz cien favores, deja de hacer uno y como si no hubieras hecho ninguno.
No dar su brazo a torcer.
Ya me morí, y quien me lloró vi.
Cuando en casa engorda la moza, y al cuerpo el bazo, y al rey la bolsa, mal anda la cosa.
Loco está el que cree en las lágrimas de un heredero
Al buen, regalo; al malo, palo.
Después de beber cada cual dice su parecer.
Quien está presente sigue viviendo; quien se ausenta lo tienen por muerto.
El que nunca tiene y llega a tener loco se quiere volver.
Bien vestido, bien recibido.
Honra y dinero se ganan despacio y se pierden ligero.
A falta de vaca, buenos son pollos con tocino.
Hacienda, que tu amo te atienda, y si no que te venda.
Ni reír donde lloran, ni llorar donde ríen.
Lo más nuevo y más completo, pronto se torna obsoleto.
Nada falta en los funerales de los ricos, salvo alguien que sienta su muerte.
Oir cantar el gallo y no saber en que gallinero.
No juzgues a tu amigo sin haberte puesto antes en su lugar
Ni boda sin canto, ni mortuorio sin llanto.
Nadie es un gran hombre para su mayordomo.
Feliz es la muerte que antes que la llame viene.
Juzga el ladrón, en su saña, a todos por su calaña.
El orgullo y la pobreza están hechos de una pieza.
Como turco en la neblina.
Una aguja en un pajar, es difícil de encontrar.
Todo lo muy, es malo.
La llaga del amor, ¿quién la hace sanar?.
Cuenta errada, sea enmendada.
Quien se pone ropa ajena, no puede decir que estrena.
Quien lleva toda su vida a su mujer sobre la espalda, cuando la deja en el suelo, ella dice: ¡Estoy fatigada!.
Zorra dormilona, su cara lo pregona.
A rico no llegarás, pero de tacaño te pasarás.
Ira de hermanos, ira de diablos.
Saber no va en las canas, ni valor en barbas.
No hay altanería que no amanece caída.
Andar, andar que aún queda el rabo por desollar.
De los sufridos se hacen los atrevidos.
Cásate por la dote, y de tu mujer serás un monigote.
Lo de menos es comerse la vela, lo malo es cagar el pabilo.
Quien castiga con ira, más se venga que castiga.
Cuando Dios cierra una puerta, abre una ventana.
Gotita a gotita, la sed crece y no se quita.
Mi secreto, en mi pecho.
De suegras y de cuñadas va un carro lleno, mira que linda carga va para el infierno.
Hiérese el cuerdo, porque no se ahorque el necio.
El tiempo es el jinete que cansa a la juventud.
Tanto peca lo mucho como lo poco.
De pico tenía mi abuelo un jarro, se cayó y se quedó chato.