El deber se reconoce fácilmente: es aquello que menos deseamos hacer
Recibir mal por bien, todos los días se ve.
No le busques ruido al chicharrón.
La mujer rogada y la olla reposada.
Si a tu vecino quieres mal, mete las cabras en su olivar.
Confesión espontánea, indulgencia plena.
A canto de pájaro y a gracia de niño no invites a ningún amigo.
El hambre y la suerte esquiva, son fuentes de la inventiva.
El que toma parientes más honrados que sí, señores toma a quien servir.
La larga experiencia, más que los libros enseña.
Si quieres adquirir conocimientos, hazte el ignorante.
Secreto bien guardado, pliego lacrado y sellado.
El mal que se vaya y el bien se nos venga.
El amor y los celos son compañeros.
Lo que un hombre puede esconder, otro lo puede descubrir.
Si te aplauden, nunca presumas hasta saber quién te aplaudía.
La rata avisada, no muerde carnada.
Negocio de enterrador, negocio asegurador.
Las palabras son enanos; los ejemplos son gigantes.
La virtud en sí es un premio
Albricias, madre, que pregonan a mi padre.
Lo que uno no quiere, otros lo desean.
Para aprender, perder.
En otoño, pan de ayer, vino de antaño y caldito a diario.
Cada fracaso nos hace más listos.
Con ladrones y gatos, pocos tratos.
El vivo a señas y el tonto a palos.
Más te sacará del apuro un real tuyo que un duro del vecino.
La vejez empieza cuando los recuerdos pesan más que las esperanzas.
Vuélvase lo suyo a su dueño, y tendrás buen sueño.
Alfayate sin dedal, cose poco, y eso mal.
Para cajón de muerto, cualquier palo es bueno.
Obrita que en sábado viene, puntadita de a palmo y salto de liebre.
Lo inútil siempre es caro, aunque cueste barato.
Obras y palabras, lo uno es mucho y lo otro es nada.
Fuera de tu hogar no te alejes ni una pulgada de tus armas.
Todo lo que vivimos es digno de ser vivido.
El que es de tu profesión, es tu perdición.
Bebo poco, más quierolo bueno.
De la mujer, la limpieza se conoce en la cabeza y en los pies.
Cabellos y problemas no faltan nunca.
En Abril y Mayo, haz harina para todo el año.
El buen general sabe vencer, pero también sabe no abusar de su victoria.
Algo bueno trae la adversidad consigo; que ahuyenta a los falsos amigos.
Tras cornudo, apaleado, y mándale bailar.
El honor y el ocio no suelen ser buenos compañeros.
Mejor que gruña el cochino que los hijos de tu vecino.
De la mujer, del tiempo y la mar, poco hay que fiar.
Un gran hombre comparte lo que tiene con los demás.
El sabio no dice lo que sabe y el necio no sabe lo que dice.