Ni pidas a quien pidio, ni sirvas a quien sirvio.
El mejor espejo es un ojo amigo.
Mentiras y olas, nunca vienen solas.
Ruego a Dios, si te casares, que llorando te descasen.
Entre mil consideraciones de un tonto, debe haber una aceptable.
Cura y médico de aldea, por ellos vengan lo que desean.
Los mejores médicos son: el doctor dieta y el doctor reposo.
Al alcalde y a la doncella, no les diga nadie: "Si yo quisiera.".
Mujer, Huerta y Molina, piden uso de continuou.
No quieras nunca buenos comienzos.
El casado casa quiere.
No hables en falso de un hombre; no separes el corazón de tu lengua.
Más vale fracasar en el intento que no intentar algo por temor al fracaso.
A Dios, lo mejor.
La novia, de contado, y la dote, de prometido.
Quien bien te hará, o se te irá o se te morirá.
Cacarear y no poner, bueno no es.
El dinero tiene más de un gozar, saberlo ganar y saberlo gastar.
Compra la lanza apuntada a tu corazón si no quieres sentir su punta.
Copas son triunfos.
Contra las palabras llenas de ira nada mejor que una boca bien cerrada.
Dos andares tiene el dinero: viene despacio y se va ligero.
Decir, me pesó; callar, no.
El hombre que no sabe sonreír no debe abrir la tienda.
La suerte es de quien la tiene.
A lisonjeros dichos no le prestes oídos.
La primera vez es una gracia, la segunda vez es una regla.
Habla de tu pueblo y hablaras del mundo.
Vive y deja vivir.
Si quieres de tu amigo probar su voluntad, finge necesidad.
Se recuerdan los besos prometidos y se olvidan los besos recibidos
Bienes y males, a la cara salen.
Buena muerte es buena suerte.
Jamás digas: nunca jamás.
De ensalada, dos bocados y dejada.
La misa, dígala el cura.
Abajo está lo bueno, dice la colmena al colmenero.
Confianza sin tasa empobrecerá tu casa.
Quien guarda bien su dinero, no peca por cicatero.
El remedio más noble contra las injurias es el olvido.
Hay que ser puerco pero no trompudo.
Mira después el bienestar del cuerpo y la mente.
Para volver a la buena senda, cualquier hora es buena.
Bebe el agua de tu fuente clara, y no busques la encenagada.
No hay espada contra la simpatía afectuosa
Con buena gente, trataré yo; con gentuza, no.
A malos ratos, buenos tragos.
La ciencia quiere prudencia y experiencia.
A cualquier dolencia, es remedio la paciencia.
Si voy, con lo que te doy.