Quien limpia su caballo no es lacayo.
El amor y el buñuelo han de comerse en caliente.
Yo solo lo hago en mi moto.
Este, como los gatos siempre cae parado.
A quien come muchos manjares no faltarán enfermedades.
Una comida sin vino, es como un día sin sol.
Desvestir un santo para vestir otro.
No es oro todo lo que reluce, ni harina lo que blanquea.
Un buen caballo viejo encerrado en el establo aún aspira a galopar mil li.
Mala yerba, mucho crece.
Cuando mi hijo fue al baño, trajo que contar todo el año.
No hay buen tesorero, con sueldo de portero.
Algo tendrá el agua cuando la bendicen.
Abaja acá, gallo, que estás encaramado.
Buen disimulo, se tapaba la cara y enseñaba el culo.
En el amor solo el principio es divertido
Casa labrada y viña heredada.
Camina más una hormiga que un buey echado.
Solterón y cuarentón, ¡que suerte tienes ladrón!
Quien no puede dar en el asno, da en la albarda.
Amor atrevido, siempre bien ha parecido.
Ya que se quema la casa, calentémonos en ella.
La que de treinta no tiene novio, tiene un humor como un demonio.
Abominable es el hombre que hace mal uso de su tiempo
No falta de que reirse.
Quien no estudia cuando es joven, lamentara cuando sea viejo el tiempo perdido.
El espíritu es fuerte; pero la carne es débil.
La fortuna mal ganada, no luce ni dura nada.
No hay viejo que no haya sido valiente, ni vieja que no haya tenido sus veinte.
Hacienda de muchos, los lobos se la comen.
Lo que me debe Juan no me lo puede pagar; pero si se muriera, menos pudiera.
¿Qué hacéis, mosquitos?. Aramos, porque sobre el buey que ara andamos.
Agua coge con harnero, quien se cree de ligero.
Que no llegue la sangre al río.
El que no se muere joven, de viejo no se escapa.
El amor, la tos y el fuego, no pueden ser encubiertos.
Dos perros pueden matar a un león.
Manos que trabajan, no son manos, sino alhajas.
El hombre que te parece feliz a menudo es más infeliz que tú
En casa del que jura, no faltará desventura.
El buscador es descubridor.
La gala del estudiante, en cuello y guante.
Llevad vos, marido, la artesa, que yo llevaré el cedazo que pesa como el diablo.
Como canta el abad, así responde el sacristán.
Ay, Jesús, que el rosario de mi compadre no tiene cruz.
Un muerto abre los ojos al vivo.
Al endeble todos se le atreven.
Quiero demasiado a Dios para tener miedo al diablo
Cabra loca, desgraciado al que le toca.
El que cree en la astrología, se amarga todos los días.