El adulador corrompe a su patrón rascándole la espalda
Cada uno quiere llevar agua a su molino y dejar seco el de su vecino.
Abogado de ricos, mal de pobres.
En mi casa mando yo que soy viudo.
El fraile se muda, el mozo se casa, el casado se cansa y se va a su casa, el clérigo dura.
El que a otro quiere engañar, el engaño en él se puede tornar.
La ropa sucia se debe lavar en casa.
Si la fuerza hace vencedores, la concordia hace invencibles.
Riña por San Juan, paz para todo el año.
Perro ladrador, poco mordedor.
Quien empiece el juego que siga con él
Los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él.
La muerte no suele avisar, cuando menos lo piensas, ahí está.
El hombre honrado a las diez acostado.
El melón por la mañana, oro; por la tarde, plata; por la noche, mata.
Cuando el sabio llerra, el necio se alegra.
Con pequeña herida puedes perder la vida.
Todos son buenos, más mi capa no parece.
Boca de fraile, solo al pedir la abre.
No hay como quitarse de en medio para dejar de ser imprescindible.
De Castilla el trigo, pero no el amigo.
Calienta más el amor que mil fuegos
La virtud loada, crece.
Halagos a la casada pronto la hacen más mala.
Padre arriero, hijo caballero, nieto pordiosero.
El que tiene salud es rico.
Bueno de asar, duro de pelar.
Rocíos de Agosto, miel y mosto.
Ser capaz es ser útil, ser incapaz es ser algo menos.
Quien come aprisa, come mal.
Jamás cerró una puerta Dios, sin que abriese dos.
De lo bonito a lo bueno, hay trecho.
El necio cree que todo lo sabe.
Valiente que huye una vez, es que se guarda para otra vez.
A quien a otros ayuda, de veinte años le pare la burra.
A la chita callando, hay quien se va aprovechando.
Todo necio confunde valor y precio.
El guayabo más le asienta, a aquel que paga la cuenta.
El que no habla, no yerre.
El dinero no es Dios; pero hace milagros.
Cada uno halla horma de su zapato.
A la mujer, el hombre la ha de hacer.
El que con lobos anda a aullar aprende.
En casa del capellán, no falta nunca el pan.
La esperanza es el pan de los pobres.
Todos los oficios son difíciles.
Quitósele el culo al cesto y acabóse el parentesco.
Pan y vino andan camino.
Todo tiene fin, hasta los higos del confín.
Solo se puede sacar de una bolsa lo que ya está en ella.