Quien no llora, no mama!
La sabiduría es como una mujer legítima, no permite otra mujer en su casa.
A quien no quiere caldo, tres tazas y la última rebosando.
Para mi cualquier petate es colchon.
A la leche, nada le eches; pero le dice la leche al aguardiente: ¡déjate caer, valiente!.
Hacer la del capitán Araya; embarcar a los demás y quedarse en la playa.
Cura y médico de aldea, por ellos vengan lo que desean.
Madre es la que cría, no la que pare.
Vale más un "he hecho", que muchos "voy a hacer".
Dar a luz rejuvenece, criar es lo que envejece.
El que calla, otorga o no tiene una perra gorda.
Voz del pueblo, voz de Dios.
Al fregar los platos solo acuden los mentecatos.
Huye del mulo por detrás, del toro por delante, y de la mujer por todas partes.
Las penas, o acaban, o se acaban.
De casta le viene al galgo.
A falta de manos, buenos son los pies.
El que se casa, quiere casa.
Bien cantas, pero mal entonas.
Buen Dios, guárdame de los malos amigos y yo me guardaré de los enemigos
Peor es mascar lauchas
De hombres bien nacidos es ser agradecidos.
Yunta buena o yunta mala, el buer arador, bien ara.
Grande o pequeña, cada uno carga con su leña.
Déjate de medios días, habiendo días enteros.
La novia del estudiante nunca llega a ser la esposa del profesionista.
Oír al gallo cantar y no saber en que muladar.
Bebe vino manchego y te pondrá como nuevo.
La zorra solo una vez en el lazo se toma.
Amistad del poderoso, sol de invierno y amor de mujer, duraderos no pueden ser.
La ley del embudo, para mí lo ancho y para ti lo agudo.
Al buen, regalo; al malo, palo.
Andar el tiempo y vernos hemos.
Consejos ciertos, los que a los vivos dan los muertos.
Casa empeñada, pobre y desamparada.
El corazón en paz ve una fiesta en todas las aldeas.
Hacer algo de cayetano.
El que de amarillo se viste a su hermosura se atiene.
Hoy te quiero más que ayer, pero menos que mañana.
Adorar al santo por la peana.
A largos días, largos trabajos.
No hay hombre sin hombres.
El oro se prueba con el fuego; la mujer, con el oro; y el hombre, con la mujer.
Juventud que vela y vejez que duerme, señal de muerte.
Buena es la vida de aldea por un rato, más no por un año.
El amor entra con cantos y sale con llantos.
Come niño, y crecerás; bebe, viejo, y vivirás.
No empeñes las prendas, mejor que las vendas.
Clérigos y cuervos, huélganse con los muertos.
A quien tiene abejas, nunca le falta un buen postre en la mesa.