Lo que con ansia se alcanza, a la larga, también cansa.
El ruin de Roma, en mentándolo asoma.
Porque un borrico te dé una coz, ¿vas tú a darle dos?.
Algo quiere la coneja, cuando mueve las orejas.
El asno y la mujer, a palos se han de vencer.
Al trabajo, yerno, que viene el invierno.
El que escupe para arriba en la cara le cae.
A la aguja, buen hilo, y a la mujer, buen marido.
El que bien huele, mal hiede.
Cómprale botas al indio y te dara de patadas.
Dale al tonto una cuerda, y ahorcarse ha con ella.
El habar de Cabra se secó lloviendo.
El pez muere por su propia boca.
Sabio en latín y tonto en castellano.
Hombre anciano, juicio sano.
Todos su cruz llevan, unos a rastras y otros a cuestas.
Un cuerdo entre locos, ellos se tienen por cuerdos y a él le tienen por loco.
Se van con quien, las cartas y las mujeres.
Burro pelado a trasquilones, a los diez días no se le conoce.
Quien da el consejo, da el tostón.
El que ambiciona lo ajeno, pronto pierde lo propio.
El que nace para borrico, del cielo le baja el aparejo.
De los sufridos se hacen los atrevidos.
Las armas y las heridas, deben llevarse escondidas.
Ándame yo caliente y ríase la gente.
Por hacer rico a mi yerno, me fui al infierno.
Los cobardes corren mayor peligro que otros hombres en una batalla.
Juez airado, injusto el fallo.
En la tierra del ciego, el tuerto es rey.
Una olla y una vara el gobierno de una casa.
La necesidad al menesteroso le obliga a ser mentiroso.
A quien buenos cojones tiene, lo mismo le da por lo que va como por lo que viene.
Charlando y andando, sin sentir se va caminado.
A candil muerto, todo es prieto.
Entran como arrimaos y quieren salir como dueños.
Es fácil esquivar la lanza, mas no el puñal oculto.
Su tarea es cuidar a los mayores, a los indefensos, a aquellos que no pueden hacerlo por su cuenta, y por sobre todo, a los niños, el futuro de la humanidad.
Compra de quien heredó, y nunca al que lo sudó.
El caballo malo hay que venderlo lejos.
Para prosperar, vender y comprar.
Al mal paso, darle prisa.
Bigote al ojo, aunque no haya un cuarto.
Este es el cuento de María Sarmiento, que fue a cagar y no encontró siento.
Chica aldea, ni pan duro ni mujer fea.
Eres guapo, joven y con dinero, ¿qué más quieres, Baldomero?.
El pan bien escardado hinche la troja a su amo.
No hay mejor aguijón que la necesidad.
De un hombrecillo iracundo se ríe todo el mundo.
No te ensañes con el vencido, pues puedes correr su suerte.
Afición por afición, más cerca está la camisa que el jubón.