El muerto delante y la griteria atrás.
Corazón que no tiene placer, cagaos en él.
Ni mesa que ande, ni piedra en el escarpe.
En sí toma buena doctrina el que en cabeza ajena se castiga.
Justicia, cosa muy buena; pero no en mi casa, en la ajena.
A agentes y consintientes, la misma pena se debe.
Confesión con vergüenza, cerca está de la inocencia.
Se tapaba Maricuela y se dejaba al culo fuera.
Roja barba y mal color, debajo del cielo no le hay peor.
A gran culpa, suave comprensión.
Por San Antón, gallinita pon; y por la Candelaria, la buena y la mala.
El ama brava, es llave de su casa.
Tranquilidad viene de tranca.
Siempre que ha de hablar un lisiado, en la puerta un jorobado.
Ofrecer mucho, especie es de negar.
Ningún ladron quiere ser robado.
El camino del cielo es empinado, y el del infierno llano.
Donde lloran esta el muerto.
La Justicia es muy cretina si no mata al que asesina.
La agonía es larga pero la muerte es segura.
Más pobre estoy que puta en cuaresma.
Como la espada, así la vaina.
Abre la puerta a la pereza y entraren tu casa la pobreza.
En Santo Domingo de la Calzada, canto la gallina después de asada.
Con malas comidas y pésimas cenas, pierdes las carnes y se te notan las venas.
Ya que no eres casto, sé cauto.
Mi casa y mi hogar, cien doblas val.
Ser capaz incluso de atar al diablo a una almohada.
Gozo anticipado, gozo malogrado.
Negocio de enterrador, negocio asegurador.
Gallina, cabro y marrano; se manducan con la mano.
Oir cantar el gallo y no saber en que gallinero.
Cabra coja, mal sestea.
Consejo femenil, o muy bueno, o muy vil.
Caga el cura, caga el Papa, y de cagar, nadie se escapa.
No hay peor ladrón que el de tu misma mansión.
Donde las leyes flaquean, los pillos se pavonean.
Por su facha y alharaca, el nuevo rico se saca.
Madre, casadme, aunque sea con un fraile.
Ni puta sin amigo, ni huerta sin cabrahigo.
El que se coma la carne que se coma también el hueso.
Cambio de costumes, gran pesadumbre.
Si la Semana Santa marcea, hambre o muerte andea.
Los yerros del médico encubre la tierra; los del rico la hacienda.
Quien fía su mujer a un amigo, en la frente le saldrá el castigo.
El caballo malo hay que venderlo lejos.
Dentro del cielo tú forjas tu designio. Lo decretarás: ¿acaso te hastíes y aquí nos escondas tu fama y tu gloria en la tierra? ¿Qué es lo que decretas?
A pan duro, diente agudo.
Gran tormenta, a los débiles amedranta.
A tu casa venga quien te eche de ella.