Atender y entender para aprender.
Habla bien de alguien y te hará quedar mal.
Sacar las cosas de quicio, no se hace sin perjuicio.
Haz bien y no acates a quien.
Casarás y amansarás.
Cuando se enojan las comadres, se dicen las verdades.
La palabra es playa, el silencio oro.
No se puede mamar y protestar.
Palabra de cortesano, humo vano.
Deja la contienda, y no te quebrarán la cabeza.
Las injurias o bien vengadas o bien aguantadas.
Dar un cuarto al pregonero.
Ignora al ignorante.
Boca que no habla, Dios no la oye.
Calla, haz, y con la tuya te saldras.
Hay que creer, rajar o desastillar.
Dineros y pecados, cada cual los tiene callados.
Pasar por alto el gran saco de los defectos propios y censurar el saquito de los defectos de otro.
Pedir es lícito, responder es cortesía.
Inclinar la balanza.
Cuando la mula dice no paso y la mujer dice me caso, es más fácil que la mula pase a que la mujer no se case.
Tener el juego trancado.
Afanar y no medrar es para desesperar.
Ingratos hacen recatados.
La dicción muy elocuente, poco persuade a la gente.
Nadie pone más en evidencia su torpeza y mala crianza, que el que empieza a hablar antes de que su interlocutor haya concluido.
Antes de hablar, si tienes ira, reza un avemaría.
Cortesía de palabra, o conquista o empalaga.
El estúpido es como el ladrón de campanas que se tapa los oídos para no ser oído mientras roba.
El más ruin se engalla, y el más honrado calla.
Calvo vendrá que calvo me hará.
Al gallo que canta, le aprietan la garganta.
Decir y hacer pocas veces juntos se ven.
A vino de mal parecer, cerrar los ojos al beber.
Dejadle correr, que él parará.
Quiero ver si como ronca duerme.
A lo lejos mirar y en casa quedar.
Corta es de piernas la mentira y se deja coger en seguida.
Hacer como vaca y cubrir como gata.
Ya que no eres casto, sé cauto.
Cierra tu puerta y alaba a tus vecinos.
Como las monjas de mi lugar: ni papel romper ni cuerda tirar.
Sufrir mujer contenciosa, es brava cosa.
Abrir la fuente y disminuir el escape del agua.
Es tarde cerrar la puerta del establo después que los caballos se han desbocado.
Da una sola campanada, pero que sea sonada.
Dos no discuten si uno no quiere.
Suele caerse la paciencia cuando la cargan de injurias.
El buen caballo de ladridos no hace caso.
El que habla de más, cansa; y el que habla de menos, aburre.